Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

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Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 20 de abril de 2008

...pero tenìa sus malas pulgas



El Marquesito de sade... No era tan mal Muchacho
Cecilia Ruiz de Ríos
Un 3 de febrero de 1801 le agriaron el desayuno de croissants a un hombre rubio que la historia definió como gran pornógrafo: Donaciano Alfonso Francisco de Sade, el marquesito flagelador. Napoleón Bonaparte- en ningún momento dechado de virtud y castidad, comenzaba su persecución del hombre al que le debemos la palabra sadismo para definir a quien ama humillar y hasta mutilar a su pareja. Justine, obra maestra de este chelito francés fascinante era la supuesta causa de este acoso, pero la verdad es que a Napoleón no le gustaba nada que este chaparrito sensual hubiera puesto en solfa la muy deteriorada reputación de su amada y muy licenciosa Josefina de Beauharnais en un escrito.
Curiosamente, la figura de este ateo se ha visto rodeada de un hálito de leyenda y Hollywood ha contribuido a deformar su imagen, a como hicieron en la lamentable cinta Letras Prohibidas, en la cual el Marqués acaba con la lengua cercenada mientras guarda prisión... algo que nunca sucedió en la realidad.
Sade murió haciéndose el loco un 2 de diciembre de 1814, habiendo nacido en cuna de oro un 2 de junio de 1740.S, descendiente de una muy aristocrática familia cuyas finanzas vieron mejores tiempos antes del nacimiento de este chele, fue vicegobernador de 4 provincias reales en el sur de Francia. Había sido un niño indolente, malcriado y sobreprotegido. Siendo adolescente, se enamoró de la frágil pero muy lasciva Laure de Lauris, hija de un conde. Los padres de la chica lo consideraban mal partido para su chavala, y no lo dejaron que se casara con ella. Sade lloró por un rato- sobre todo que le quedó una dolencia venérea como consecuencia del alborotado affaire. A la hora de buscarle esposa, su familia le impuso a la feísima Reneé Pelagie Montreuil, una burguesa con cara de caballo y piernas de cigüeña. Los ricachones padres de la chica querían comprarle un título nobiliario y los padres de Sade necesitaban capital fresco, así que juntando el hambre con las ganas de comer, el enlace se dio. Curiosamente, la suegra de Sade llegaría a quererlo como un hijo y en numerosas ocasiones lo sacaría de buenos aprietos. Ella sabía que su lindo yerno era muy dado a pescar aventuras con actrices como Mademoiselle Colet- de la Comedia Italiana Mademoiselle Beauvoisin y Mademoiselle Dorville. Reneé Pelagie, muy segura en su rol de esposa, ni se mosqueaba con las andanzas sexuales de su esposo.2 veces fue encarcelado Sade por su libertinaje sexual, escandaloso incluso para París.

Sade tenía un tino pavoroso para meterse en problemas. Un 18 de octubre de 1763, una mujer de 20 años llamada Jeanne Testard, abaniquera y prostituta a ratos, fue llevada por Sade a su casa para estar un ratito a solas. Sade le ofreció lavativas y sodomía, pero ella se limitó a desbaratar un crucifijo. Sade al parecer aborrecía todo lo que hueliera a religión y fue tildado muchas veces de ateo y hereje. El cuarto donde Sade metió a Testard estaba abarrotado de objetos religiosos a imágenes porno. Sade fue a parar tras la rejas y sus poderosos suegros lo sacaron de ahí a quince días de estar entabado. Sade se hizo pasar por pecador penitente para salir, pero al soltarlo la policía de París avisó a todos los lupanares para que no le facilitaran chicas de la noche al noble libertino.
Aunque el dinero de los suegros de Sade ladraba muy fuerte, hubo quienes tuvieron miedo de darle damiselas de placer. Sade se tuvo que contentar a buscar aficionadas. Un Domingo de Pascua de 1768, en lugar de buscar una iglesia para rezar, Sade se llevó a la viuda de 30 anos Rose Keller una mendiga-a una casa en las afueras de París. A solas, la desnudó y la azotó con un látigo de fino cuero. Keller lloraba y gritaba pidiendo compasión, mientras el rubio linajudo gritaba, pero en la pasión de un tumultuoso orgasmo. Rose Keller salió desnuda a la calle pidiendo ayuda, y aunque la familia de Sade le compró su momentáneo silencio, ya la policía tenía pruebas contra Sade y el guapo marquesito fue a dar a la cárcel otra vez. Sade nuevamente fue liberado por su alcahueta familia, pero no sin antes haber preñando a su propia mujer en amores de conejo asustado en el lecho del tabo. En libertad bajo fianza, fue aconsejado por las autoridades a que se fuera su castillo en el sur de Francia, amenazándole con más rejas si asomaba siquiera un pie por París.
Sade obedeció llevándose a su pipona esposa y a la hermosa hermana menor de ésta, Ana Próspera. Pronto la linda cuñadita de Sade acabó compartiendo mesa, lecho y aficiones con Sade. Tanto Reneé-Pelagie como Ana Próspera organizaban elegantísimas orgías en las noches invernales del castillo. Pero esos bacanales tendrían fin cuando Sade, acompañado por su fiel criado Latour, tuvieron que ir a Marsella para cobrar unas deudas para poder seguir la fiesta.
Estando en Marsella, Latour y Sade contrataron a 5 prostitutas encontradas en el puerto y las llevaron a practicar perversiones en una noche de copas, azotes y excesos. Sade, quien se jactaba de ser buen chef, había preparado unos bombones de anís con cantáridas (siendo éste un afrodisíaco muy en boga entonces).Pronto las señoras de la noche sintieron mucho ardor, pero no pasional, sino que sus estómagos estaban como aposento de locos.
Comenzaron a vomitar y a soltarse en diarreas y ventosidades, llegando a acusar a Sade de haberles querido envenenar. Sade y su criado salieron huyendo como alma que se lleva el diablo, y no se preocuparon por buscarle alivio a las meretrices. Sin tratar de mejorar la receta para sus dañinos caramelos, los sátiros partieron hacia la islita de Cerdeña.

Las frustradas autoridades marsellesas tuvieron que conformarse con juzgarlos in absentia y ejecutarlos en efigie, mientras Reneé-Pelagie aguardaba aburrida en el castillo que su marido llegara con los bolsillos gordos para continuar la pachanga. Una vez en Cerdeña, Sade fue apresado una vez pero logró huir, viviendo en anos siguientes como prófugo de la justicia.
En mayo de 1774 retornó por fin a Francia. Las lettres de cachet (una aberración legal que existió en tiempos de Luis XV en Francia y que permitía echar preso a cualquiera aunque fuera inocente) que habían sido expedidas estaban nulas. La suegra de Sade había obtenido una para apresarlo tras el escándalo de los bombones gaseosos, pero estando ya Luis XVI en el trono, no eran válidas las cartas firmadas por el rey anterior. Sade quiso cumplir con su sueño de darle entrenamiento sexual a jóvenes en su castillo. Ana se había cansado de esperarlo pero su esposa seguía fiel y dispuesta a complacerlo con tal que no se le fuera otra vez.
Reneé contrató a una experta alcahueta, 4 chicas y un chico, a quienes se les dijo que serían criados. Reneé dirigía las orgías. Pero estas noches de farra no habrían de durar demasiado pues dos de las chicas huyeron, otra se enfermó gravemente y tres de los padres de los muchachos entablaron demanda legal contra Sade. La alcahueta parió un hijo de Sade, se fue y acabó tras las rejas gracias a una nueva lettre de cachet de la suegra de Sade, quien ahora lo odiaba con la misma intensidad que antes lo había querido. El hijito de Sade con la alcahueta murió en la infancia por descuido. Sade luego se topó con un corrupto monje que le conseguía chicas afirmando a los padres de las mismas que ellas iban a un convento de muy estricta disciplina.
En 1777 Sade, al saber que su mamá estaba gravemente enferma en París, se fue a ver que podía hacer por ella. Su suegra por fin lo pudo guardar en la prisión por 12 anos y medio gracias a otra lettre de cachet. En la cárcel, Sade se convirtió en maestro de la ipsación y en literato con tendencia hacia la pornografía. Obras como Justine, Juliette y piezas de teatro vieron la luz tras los barrotes. Desde la Bastilla, Sade azuzaba a los revolucionarios que ya comenzaban a dar guerra. Gritaba obscenidades como loro enloquecido. Reneé-Pelagie, harta de esperarlo, se divorció de él. Aunque al momento de la toma de la Bastilla Sade ya no estaba en esa legendaria prisión porque lo habían mudado para otro lado recientemente, fue reconocido por los dirigentes de la revolución francesa como el Ciudadano Sade, ex prisionero del régimen monárquico y por ende gozó de un status casi como de primo hermano de Dios. El ateísmo de Sade estimulaba a los revolucionarios, y pronto lo nombraron panfletista y juez revolucionario.
También era cotizado como orador. En medio del régimen del Terror, Sade se consoló en los brazos de la actriz Ma. Constancia Renelle, a quien mantuvo trabajando de tramoyista. Algunos lo tildaron de moderado pues no quiso firmar la sentencia de muerte en contra de su ex suegra, Madame Montreuil.
Cuando Sade escribió algunas verdades muy coloridas sobre el asqueroso pasado sexual de Josefina de Beauharnais la mujer de Napoleón Bonaparte- lo censuraron, lo declararon criminalmente loco y lo encerraron en el manicomio de Charenton, hacia donde lo siguió la Renelle. En el manicomio escribía obras teatrales y las montaba con permiso del director utilizando a los locos como actores. Gordo, artrítico y ya chochando, Sade aún tuvo líbido suficiente para echarse de amante a la lavandera normanda del manicomio, la preciosa Madeleine Leclerc. Le cantaba y solía rasurarle las partes pudendas.
Sade, símbolo de la libertad sexual ilimitada y del erotismo retorcido, pasa a la historia como lascivo, ateo y corrupto. Pero un hombre que se negó a tomar venganza contra su suegra, trató con mucho amor al hijito que María Constancia Renelle llevaba de su azarosa vida y era cariñoso con sus numerosas mascotas, no pudo haber sido tan mal muchacho.