Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

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Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 27 de abril de 2008

a los pendejos ni dios los quiere


La pobre Claudia de Francia: nacida para sufrir
Cecilia Ruiz de Ríos
"Chocho, el que nace para chancho le llueve el lodo del cielo," me espetó uno de mis mejores amigos, y nadie mejor que la reina Claudia de Francia para servir de ejemplo de quienes han nacido solo para sufrir en este valle de lágrimas. No siempre el destino de las reinas es el de ser felices, y aunque Claudia vino al mundo en medio de sedas, fue su vida una de confites en el infierno.
Era la hija mayor del matrimonio formado por la independentista y cultísima Ana de Bretaña y su segundo esposo, Luis XII de Francia. Nació pesando escasísismas libras y con cara de renacuaja un 13 de octubre de 1499.Dado que su madre en anterior matrimonio con el rey Carlos VIII de Francia había visto morir a todos los frutos de su primer enlace, es de esperarse que Ana se mostrara madre leona y sobreprotegiera a Claudia. Este mimo excesivo no declinó ni cuando su madre tuvo otra criatura, Renée, poco después.
Los mejores tutores fueron buscados para Claudia, quien mostró ser una chiquita inteligente. Con el correr del tiempo, la cara de renacuajo desnutrido se fue rellenando y Claudia se hermoseó bastante. Ana cifraba esperanza de que Claudia pudiera heredar el ducado de Bretaña y lo conservara intacto como terruño independiente, pero la realidad es que el padre de la niña tenía planes muy diferentes. Ya que de antemano Claudia sabía que era imposible casarse por amor , se resignó a saber que apenas tuviera su primera regla sería dada en matrimonio a Carlos de Luxemburgo, ya que su mamá estimaba que era mejor no comprometerla en nupcias con un francés porque ese sería el punto final de la autonomía de Bretaña.
En 1501 se negoció para que Claudia se casara con Carlos de Luxemburgo, pero cuatro años más tarde a Luis XII se le metió en la cabeza hacer un testamento en el cual ordenaba que su hija se casara apenas fuera posible con su pariente Francisco de Valois Angulema, quien sería recordado por la historia como el rey Francisco I de Francia. En vano luchó Ana contra la voluntad de su regio marido para evitar que comprometieran a Claudia con Francisco, al final el rey hizo lo que le dio la gana y en 1506, un 21 de mayo para ser exactos, le tocó a la niña Claudia darle el sí a su prometido Francisco, quien no le gustaba para nada. En enero de 1514 Ana moría dejando a Claudia desconsolada, ya que Claudia nunca se llevó bien con su padre Luis, y era muy pegada a su mamá. Apenas se había enfriado el cuerpo de Ana en su regia tumba en Saint Denis cuando Luis XII obligó a su lloricosa hija a desposarse un 8 de mayo de 1514 con Francisco.
La noche de boda resultó ser una pesadilla, ya que Francisco, quien ya llevaba andadura sexual debido a sus múltiples liaisons con meretrices y sirvientas de su palacio, se mostró muy impaciente con la timidez de alcoba de la pobre muchacha. Pero ya que había sido educada para obedecer y servir, Claudia no puso reparos en acompañar a su marido a Reims para ser coronado rey de Francia en Reims un primero de enero de 1515 tras la muerte de Luis XII. A pesar de todo, Luisa de Saboya, la dominante madre de Francisco, comienza a despojarla de su autoridad para ocupar el sitio de reina ella misma, relegando a Claudia-quien según muchos tenía más derecho al trono galo que el mismo Francisco-a un último plano. "Tu función es parir, y a eso te limitas,"le dijo la estrujante suegra a Claudia, quien procedió a cumplir su deber en el tálamo nupcial sin que derivara una gota de gozo de ello.
Claudia procedió a gastar su pobre salud dando 7 hijos al rey: Luisa el 15 de agosto 1515, Carlota nacida un 23 de octubre de 1516, Francisco, nacido un 28 de febrero de 1518, Enrique (futuro Enrique II de Valois)un 31 de marzo de 1519, Madeleine venida al mundo un 10 de agosto de 1520, Carlos(habido un 22 de enero de 1522) y finalmente Margarita, entrada a este valle de lágrimas un 5 de junio de 1523. Una posterior preñez de Claudia acabaría mal en aborto espontáneo, muriendo Claudia un 20 de julio de 1524 en la flor de la juventud. No es de sorprenderse que Claudia muriese tan joven. Tantos partos y malpartos minaron su salud a paso galopante, y para colmo nunca fue una mujer rebosante de energía. Tras cada uno de sus partos, Claudia era sangrada, debilitándole aún más tras la pérdida monumental de sangre en cada alumbramiento.
Claudia concebía estos hijos sin gozar un solo momento del acto sexual ya que Francisco nunca dejó de ser un patán en la cama. Claudia además debía aguantar la vergüenza de ver a su marido enamorando a diversas mujeres delante de ella. Francisco I fue uno de los donjuanes más consumados de la historia, y aún estando casado con Claudia y posteriormente tras la muerte de ella con Leonor de Habsburgo, siempre tuvo todo un establo de amantes. La actitud nefasta y celosa de Luisa de Saboya, su suegra, también fue otra fuente de suplicios para la pobre Claudia.
Luisa a menudo recurría a empellones y bofetadas contra su nuera. En una ocasión, estando Claudia amamantando a uno de sus hijos, Luisa irrumpió en la alcoba de la reina y la riñó por no utilizar nodriza. Cuando Claudia argumentó que a ella le placía darle el seno a su hijo, Luisa estalló en una pataleta e hizo que el tierno le fuera quitado de los brazos a su nuera.Con una vida tan amarga, no es de sorprenderse que tanto sufrimiento haya acabado con Claudia en tan poco tiempo. Poco después de su deceso, Francisco I se casó con Leonor de Habsburgo, quien había enviudado de un rey portugués. Leonor tampoco pudo sentir afecto alguno por el narigudo grosero que era Francisco, y jamás le perdonó que la contagiara de sífilis. Para entonces, Claudia ya llevaba varios años sepultada en su tumba, gozando de la paz que nunca tuvo mientras estuvo viva. Sin embargo, su recuerdo para los franceses es el de "la buena y culta reina Claudia", quien sacrificó su propia vida para hacer feliz a otros.