Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 27 de abril de 2008

El cìngaro que reventaba pianos


FRANZ LISZT, PRECURSOR DE LOS IDOLOS MUSICALES
Cecilia Ruiz de Ríos
La locura, idolatría y frenesí que ocasiona un Rod Stewart bañado en sudor mientras canta con voz ronca que Tonight is the Night (hoy es la noche) no es nada nuevo. El concepto del ídolo musical moderno fue impuesto hace dos siglos por un melenudo rubio, alto y flaco llamado Franz Liszt. Reventaba pianos, echaba espuma por la boca sin auxilio de dentrífico, y volvía locas de pasión a las mujeres.
Franz Liszt vino al mundo un 22 de octubre en Raiding, Hungría, en 1811.Liszt mostró su talento musical desde que estaba pequeño, y su padre tuvo el acierto de hacerle apadrinar por algunos nobles que le admiraban las proezas musicales, comparándolo a menudo con el chico prodigio que fue Wolfgang Amadeus Mozart. De esta forma, Liszt se adentró por los caminos del virtuosismo desde muy temprana edad, y tras arduas horas de práctica con sus profesores, comenzó a dar conciertos con gran éxito. Como en ese entonces la meca musical del mundo era París, hasta allá se fue el huesudo adolescente ataviado como príncipe magyar y derrochando magnetismo sexual.

Pasó poco tiempo extrañando los goulashes, palacsintas y retes de su nativa Hungría, pues en París se encontró el amor y laaventura en una sola figura: la condesita María D´Agoult. María, una francesita con aires de intelectual y gustos frívolos que escribía novelitas seudofeministas bajo el seudónimo de Daniel Stern imitando a George Sand, no puso reparos en abandonar a su pomposo y viejo marido y a los hijos habidos con este noble para fugarse hacia el escándalo con Liszt, quien nunca le ofreció boda. Producto de su escandaloso adulterio, María y Liszt tuvieron tres hijos, entre ellos la tormentosa Cósima, quien daría en qué hablar siendo adulta cuando abandonó a su esposo Hans Von Bulow por el egocéntrico compositor germano Ricardo Wagner. Liszt, una vez gastado el encanto de la novedad, se aburrió de la condesita francesa y la mandó a freír espárragos lejos de él, aunque siempre fue responsable en cuanto a la manutención de sus hijos. Liszt, exhibicionista, bombástico y galante, era toda una atracción como concertista.
Ganaba buen platal haciendo casi magia con sus dedos largos y huesudos sobre el teclado, y no se detenía ante truco alguno, por más chapucero que fuera, para atraer y deleitar al público. las damas de la época tenían sueños eróticos con el pianista, quien como compositor tendría menos brillo. Sin embargo, obras suyas como el Mefistovals, las Rapsodias Húngaras(en particular la no.2), el poema sinfónico Las Meditaciones(con el cual se acreditó como el padre de la música programática), la serie Los Años de Peregrinaje, la versión pianística de la Campanella de Paganini, los tres Sueños de Amor , el Concierto para piano y orquesta No.1 y sus Valses Olvidados nos muestran la calidad de la inspiración que Liszt era capaz cuando dejaba a un lado la farándula y se dedicaba a componer a como Dios manda.

La alborotada relación amorosa con la tristemente célebre cortesana y bailarina irlandesa Lola Montez (quien se hacía pasar por española) fue uno de los escándalos que protagonizó Liszt. La tal Lola tenía muy mal genio, por lo cual Liszt no la aguantó por mucho tiempo. La dejó abandonada en un hotel en Alemania, dejando pre pagados los gastos de reparación de muebles que de antemano Liszt sabía que iba a causar la iracunda vedette al descubrir que él se le había escapado de las manos. Si uno de los Sueños de Amor fue dedicado a ella o no, nadie lo ha podido comprobar. Con un hombre como Liszt, cuyo corazón era como un hotel de citas a como dice el inefable Gabriel García Márquez, nunca se puede saber!

Liszt al pasar por cada ciudad en gira de conciertos dejaba infinidad de corazones rotos y se llevaba colecciones de sostenes, bragas, flores, pañuelos, ligueros y hasta medias de seda, entre otros souvenirs amorosos de sus víctimas. Solamente estuvo con deseos de casarse cuando fue el amante de la princesa Carolina Sayn Von Wittgenstein, quien para su desgracia estaba casada y tenía unas costumbres extrañísimas, entre ellas que fumaba puros estando en cueros. Para colmo, el agrio marido de la princesa gestionó en la santa sede para que nunca le dieran el divorcio a su mujer, negándose a soltar la presa para Liszt. Liszt, gracias a tan tozudo cónyuge, pudo conservarse soltero.Al llegar a viejo, Liszt se hizo religioso y quiso entrar a sacerdote. Debido a su escabroso pasado, la iglesia católica confirmó lo que dice Agatón que ni los dioses pueden cambiar el pasado, y solo le permitieron tomar órdenes menores. Pero la sotana no fue impedimento para que el alegre abate Liszt, bien convertido en viejo rabo verde, protagonizara infinidad de escándalos con sus líos de faldas.
Liszt siguió tocando piano y componiendo hasta el último día de su vida, y una de sus obras religiosas de mayor calibre fue el Oratorio de Santa Isabel de Hungría. Como mecenas, Liszt fue generoso y deprovisto de envidias. Gracias a su gestión, talentos como Federico Chopin, el noruego Edvard Grieg, Ricardo wagner y otros pudieron encauzarse y dar lo mejor de sí para el pentagrama clásico. El único que odiaba a Liszt era el genial homosexual ruso Tchaikovsky, quien en una ocasión lo llamó “viejo untuoso, relamido e hipócrita”. Wagner, a quien protegió cuando éste era joven, desconocido y endeudado, lepag {o con mala moneda destrozando el matrimonio de Cósima , la hija de Liszt. Liszt, quien había hecho de las suyas robando mujeres ajenas, esta vez lloró amargamente al ver la mala conducta de su hija, quien salió preñada de Wagner estando aún casada con el pianista y promotor alemán Hans von Bulow. La reconciliación entre Liszt y Wagner se dio hasta que Cósima se divorció de Von Bulow para casarse con Wagner, y con el arribo de dos nietos más, Liszt se vio completamente ablandado ya que era fan de los chiquillos.

Como músico, a Liszt se le reconoce como uno de los más grandes virtuosos del teclado de todos los tiempos. Como compositor, es el padre del poema sinfónico y de la música programática. Hoy en día sus piezas para piano siguen siendo genuinos retos para la destreza del pianista, y algunas de ellas como el Mefistovals requieren proezas casi vecinas al milagro. Como showman, Liszt no escatimada revolquinas en el piso, desmayos, gritos, tiraderas de su luenga melena rubia y encaramarse arriba del piano durante los conciertos. Rebelde y voluntarioso, odiaba obedecer, y por no hacerle caso al médico se fue con una galopante neumonía a un festival wagneriano en Bayreuth, exponiéndose al dañino aire frío. Murió un 31 de julio de 1886 sin arrepentirse de nada de lo que hizo, que no sea no haber vivido más intensamente para ser el don Juan del teclado y el precursor de los superestrellas de hoy.