Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 27 de abril de 2008

El Feo que dio la mùsica màs bella

FRANZ PETER SCHUBERT:
DESMITIFICANDO AL HOMBRE DE LA INCONCLUSA
Cecilia Ruiz de Ríos
Una de las cosas que nunca le perdonaré a los mentecatos gringos de Hollywood es que hayan producido una película con uno de sus galanes de pastiche personificando a un Franz Peter Schubert alto, moreno, gallardo y esbelto con musculatura de Dolph Lundgren. Toda mi infancia, cada vez que escuchaba su inefable Sinfonía Inconclusa echaba más suspiros que un ventilador, solo para darme cuenta cuando recibí apreciación musical en mi adolescencia con don Salvador Cardenal que el pobre austríaco era gordo, bajito, requeneto, miope y con carita de chanchito curro. Era difícil reconciliar al romántico mozalbete apolíneo personificado por Tyrone Power con la música sublime, pero bueno, he ahí otra muestra de los mitos que la máquina de chatarra fílmica puede producir para daño de todos.
El genuino padre de la canción moderna vino al mundo como el penúltimo hijo de los catorce niños manufacturados por el maestro de escuela Francisco Teodoro Schubert y su esposa Ma. Elizabeth Vietz un 31 de enero de 1797 en pleno invierno vienés. Solo cinco de esos hijos llegarían más allá de la infancia, y la niñez de Schubert tuvo muchos altibajos, entre ellos pobreza gracias a una hipoteca que el atribulado maestro contrajo sobre la diminuta casa y los frecuentes funerales de los hermanos mayores de Schubert, pero por lo menos el Maestro tuvo la dicha de aprender las primeras letras y el arte del violín de su mismito padre. Otros hermanos tocaban instrumentos diversos, y aunque no hubiera mucha comida sobre la mesa, la familia tenía alegría musical de sobra pues a menudo tocaban juntos.
El talento musical del muchacho no pasó desapercibido, y entre los maestros que su padre le conseguiría estaba Antonio Salieri (quien es más conocido por haberse puesto verde de envidia ante el genio de Mozart que por sus propias obras o logros).Schubert también cantaba en un coro de niños, pero en 1812 le pasaron dos tragedias:su mamá murió tras grandes dolores agónicos, y la voz de Schubert comenzó a sonar como la de un gallito Bantam con resfrío. El coro lo echó poco después, y Schubert quedaría ansiando la ternura de su madre todo el resto de su breve vida. Continuó estudiando con Salieri, quien lo admiraba extasiado. Ya en la adolescencia, Schubert comenzó a componer a todo motor. Borraba poco, trabajaba duro, y la inspiración parecía fluir de él con la naturalidad que el buen atleta suda al correr. Schubert estaba destinado a ser uno de los pocos privilegiados de la música espontánea, al igual que Mozart y Dvorák. Sin embargo, su vida personal sería bastante agitada y solitaria, ya que después de la muerte de su madre, no volvió a vivir con su familia por mucho tiempo.
Los amigos tratarían de llenar el vacío causado por la ausencia de la familia, y el trabajo le absorbería una buena parte de su tiempo. Schubert viviría en casa de diversos amigos el resto de su azarosa pero corta vida, y sería el típico músico talentoso pero pobre. Nunca se casó pero su vida no estuvo exenta de sobresaltos de faldas, ya que era enamoradizo a morir. La amistad del músico con varios poetas le llevó a musicalizar varias obras líricas, entre ellas algunas célebres como el Ave María, Amor de Mujer y la Serenata. Esto le convirtió en el indiscutible padre del lieder(canción clásica) y sus ciclos de lieders son el tesoro de cualquier cantante de repertorio clásico.
En 1823 habría de componer la obra más famosa de su pluma: la Sinfonía en Si, llamada la Inconclusa dado que solo consta de 2 movimientos en lugar de los 4 proverbiales que lleva esta forma sinfónica consolidada por Haydn. Mucho se ha especulado por qué Schubert, quien era tan inspirado y para colmo un workaholic de la música, dejara sin concluir esta deliciosa obra. Ni la pereza ni la muerte impidieron la conclusión de esta obra, a como se ha especulado en miniseries baratas o en cintas de Hollywood. Recordemos que Schubert era un hombre poco agraciado físicamente, y pocas mujeres le brindaban sus favores. Para colmo tampoco era rico y en vida apenas logró ganar unos pocos centavos.
A menudo pagaba sus comidas con canciones originales. Un buen día en que Schubert había ganado un poquito más de plata se encontró a una damisela de la noche llamada Ute La Goulue(La Golosa). Schubert se enamoró de ella como un chiquillo de secundaria, le compuso varias canciones, y comenzó a trabajar en la famosa sinfonía que sería la Inconclusa. Apenas el dinerito se acabó, Ute le lanzó la puerta en la cara al compositor y lo mandó a un sitio que huele muy feo. Se había acabado la inspiración para Schubert con este fracaso amoroso, y solo había escrito los dos exquisitos movimientos con sabor a divinidad que conocemos de la famosa sinfonía. Apenas comenzó el tercer movimiento con un puñado de compases, y abandonó el proyecto.
Pereza?Jamás, no la conocía ni en pintura. ¿Se lo llevó la muerte? No moriría tísico, con el cuerpo plagado de ronchas, aullando de indigestión y posiblemente complicado por algún mal venéreo contraído en sus correrías nocturnas sino hasta un 19 de noviembre de 1828 después de tres largos días de agonía. Sencillamente Schubert no quiso ponerle de cola a sus dos fabulosos movimientos algo que no estuviera a la altura de su inspiración sublime inicial. Sin embargo sobran los dizque entendidos en música que han romantizado el asunto afirmando que el genio murió en 1823 cuando trataba de componer el tercer movimiento.
Schubert había contado entre sus momentos felices cuando el gran titán Beethoven elogió un puñado de obras suyas. Venciendo su natural timidez, Schubert había ido a pagarle sus respetos al Divino Sordo cuando éste ya estaba en su lecho de muerte.En 1827, al morir Beethoven Schubert fue uno de los que cargó el féretro del genio en su funeral, y tras dejarle sepultado, Schubert y sus amigos habían ido a una taberna a beber en honor del recién finado.
Schubert, quien adoró ciegamente a Beethoven toda su vida, expresó a sus amigos el deseo de ser sepultado junto a su ídolo cuando la muerte se lo llevara. Este deseo de Schubert se vio cumplido a cabalidad por sus amigos, y el autor de Rosamunda, La Muerte y la Doncella, los Momentos Musicales, La Trucha y la Inconclusa yace al lado de Beethoven en Viena. Schubert al morir dejó un costal de deudas y cajas de obras que durmieron un largo letargo hasta que muchos años después de su deceso, el manuscrito de la Inconclusa fue hallado en un gavetero que perteneció al maestro. Desempolvada por fin, es quizás hasta nuestros días la sinfonía más adorada de todas de la música clásica. Irónicamente su autor, un solterón feo , bajito, pobre y desventurado en el amor está más cubierto de mitos que uno de los gatos pulgosos que tanto adoró este maestro en su brevísima pero genial vida de apenas 31 años.