Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

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Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 20 de abril de 2008

La Diosa de ébano


JOSEPHINE, LA EMPERATRIZ DEL CORAJE
Cecilia Ruiz de Ríos
En Francia, el nombre de Josephine evoca a dos mujeres que marcaron toda una época en la opinión pública. Ambas vinieron “del otro lado del charco”(léase América),dado que Josephine de Beauharnais –la primera esposa de Napoleón Bonaparte-era criolla martiniquesa, y Josephine Baker era norteamericana. La primera emperatriz de Napoleón era una mujer ligera de cascos que no pudo producirle el ansiado heredero varón a Napoleón, y por eso no el Corso debió prescindir de ella. Josephine Baker jamás tuvo la dicha de ser madre biológica tampoco, pero todo el que la conoció concede que fue indispensable para Francia y que fue toda una emperatriz del coraje y la buena voluntad.

Un 3 de junio de 1906 vino al mundo Josephine Baker, y al lado más roto de la cobija pues era el fruto de una aventura entre un español y una criada negra, Carrie Smith. Una infancia infeliz fue la suerte de la hermosísima negra que estaba destinada a conquistar París ataviada solamente con una falda de bananitos. Cuando su mamá se casó y tuvo otros tres hijos, Josephine vivía en una de las zonas marginales más peligrosas de la ciudad de San Luis en Missouri. Siendo adolescente, Josephine tuvo que dedicarse a ser doméstica en las casas de ricos blancos. En varios de estos hogares la sometieron a incontables humillaciones y crueldades que jamás habría de olvidar, pero uno de sus patrones, de apellido Mason, la llevó por primera vez a una noche de teatro. Fue ahí que Josephine se dio cuenta que estaba destinada para las tablas, y sus consentidores patronos le ayudaron a construir un teatrino en el sótano de la casa. A los trece años Josephine se fue a buscar trabajo al Booker T. Washington Theater, y acabó siendo la criada personal de la cantante Bessie Smith. Su nueva patrona la recomendó para corista del famoso Cotton Club en Nueva York.

En 1925 Josephine se fue a París como parte de la Revue Négre. Le ofrecieron trabajo en el Folies Bergére. Fue cuando se convirtió la sensación en una noche, tras haber tenido todo el día el buche envuelto en hielo para que sus senos lucieran como enhiestos volcanes de sensualidad. Salió ataviada con una faldita chinga de bananitos y nada debajo. Los parisinos se volvieron locos. Los chefs bautizaron varios platillos de bananos con el nombre de la bellísima negra, y le sobraron admiradores.
Entre ellos estaba un rubio francés llamado Marcel, quien la instaló en un lujoso piso de los Campos Elíseos. Marcel, conociendo el amor de Josephine por las criaturas de Dios, se presentaba cada noche con regalos vivos ratones blancos, loras, periquitos de amor, conejos lop mechudos, gatos de angora, y hasta un mono travieso. Cuando Josephine le preguntó cuándo era la boda, Marcel le dijo despiadadamente que de eso nada, ya que él era blanco y francés y ella negra y bailarina. Josephine muy dolida abandonó el piso.Años más tarde, entre risas, diría que lo que más extrañó tras dejar a su racista francés fue la colección de animalitos.

Josephine no tardó en consolarse con un linajudo jeque árabe, quien para hacerle olvidar a sus mascotas perdidas, le regaló una pantera negra amaestrada. El jeque llevaba a comer a Josephine y la pantera a los más lujosos restaurantes.
El jeque pronto fue sustituido-no así la majestuosa felina negra-por Adolfo de Suecia-futuro rey Gustavo VI. El sueco se le llegó a meter al camerino y le suplicó que visitara Suecia. Pronto Josephine pasó una noche feliz con el futuro monarca sueco en el vagón particular de éste, en el cual había lujosos detalles como interiores de oro y tapices Aubusson. El enamorado hombre la sorprendió al poseerla en un lecho con forma de cisne diseñado exclusivamente para la ocasión. Al quejarse Josephine del frío, el futuro monarca le “calentó el corazón” con una pulsera de tres hileras de brillantes. Al quejarse Josephine que su otra muñeca estaba fría, el sonriente chele le puso otra pulsera más. Pasaron juntos un mes entero, y para despedirse de ella Adolfo le regaló en su última noche junta un abrigo de martas. Nunca volvieron a verse.

En noviembre de 1937,Josephine se casó con el industria francés Jean Léon. Alquilaron el castillo de Les Milandes, y ahí quedó encinta Josephine. Pero la hermosa negra estaba destinada a nunca tener hijos propios, y la criatura se malogró al inicio del embarazo. Como producto de este aborto espontáneo, Josephine quedaría incapacitada para lograr su sueño más doradoÑel de ser madre. En 1939 Josephine y Léon se divorciaron, pero el 3 de junio de 1947 Josephine estaría nuevamente atando el lazo con otro francés. Esta vez se descartó la posibilidad de tener hijos.

Josephine es idolatrada en Francia pues durante la II Guerra Mundial, le tocó ser heroína de la Maquis, o Resistencia Francesa. En manos de los Aliados Josephine entregó un libro de claves germano-italianas que fue un tesoro para los órganos de inteligencia. Dado que su primer marido, Léon, era judío, los agentes de la Gestapo nunca le perdonaron a Josephine el golpe que les asestó al conseguir el libro de claves. Los nazis se propusieron acabar con ella, y nada menos que el odioso de Hermann Goering, mano derecha de Hitler, se asignó esta misión sin sospechar que estaba destinado a protagonizar uno de los más grandes ridículos de su vida. Goering la invitó a cenar, y un pescado envenenado con cianuro fue lo que Josephine tuvo que consumir. Sintiéndose mareada, Josephine se excusó para ir “donde el rey va solo” y una vez en el baño de mujeres, se lanzó por el conducto de la ropa sucia para ser rescatada por los miembros de la Maquis en un canasto.
Estos la llevaron a una clínica clandestina donde le lavaron el estómago, dejándola como ella luego diría “como calcetín al revés”.Pasó un mes entre la vida y la muerte, perdiendo todo su pelo a causa de los estragos del cianuro. Debió usar pelucas por lo que sería el resto de su vida. Se dejó correr el rumor que había muerto em Marruecos para que los nazis la dejaran en paz.Reza la leyenda que cuando Hitler se enteró que el atentado con el pescado había fallado, le estampó menudo tortazo en la cara a Goering, desistiendo de seguir persiguiendo mientras farfullaba que “esa negra tiene pacto con el diablo y más vidas que un gato.”

Una vez acabada la II Guerra Mundial, Josephine Baker fue condecorada con la Cruz de Guerra, la Roseta de la Resistencia y la Legión de Honor. Josephine, frustrada como madre, quiso tener la dicha de gozar con chiquitos y adoptó 11 niños de distintas razas para promover la lucha contra el racismo y apaciguar sus ansias maternales. A los 68 años, tras una gira triunfal por Estados Unidos, la muerte la sorprendió en París. Pero la memoria de esta escultural y valiente hembra norteamericana sigue si ndo venerada por los agradecidos franceses, y varios liceos y dispensarios veterinarios llevan su nombre recordando su heroísmo y su gran amor por los animales.

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