Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 27 de abril de 2008

Mi medida de amor es amarte sin medida


JUAN ALEJANDRO DE NORMANDIA:
EL FAVORITO QUE NUNCA TRAICIONÓ
Cecilia Ruiz de Ríos
"Donde hay un monarca mariposa, ipso facto hay por lo menos un favorito aprovechado,"solía decir la lenguaraz novelista hindú Kamala Napurdalah. Sin embargo, en la historia de Francia se ha rendido tributo al amor que un favorito sintió por su rey cuando se emplea la expresión" vachement mordu como un Jean"(perdidamente enamorado como un Juan)cuando un amante está loco por su pareja.

Jean Aleixandre Rolland de Normandie fue el favorito que más amó al atribulado rey francés Enrique III de Valois. Jean reunía en sus venas la sangre azul de los Plantagenets a través de su madre Ymaud Jeanine y descendía directamente de Roberto(el ex pirata Rollo a quien el rey Luis el Bobo le otorgó el ducado de Normandía en 911 de la era cristiana para que dejara de saquear los pueblos costeros)a través de su padre, Rolland Aleixandre. Nació prematuramente un 24 de junio de 1545 en Rouen, por lo cual le bautizaron como Jean. Jean llamó la atención de todos desde chico pues al igual que nuestro Rubén Darío, aprendió a leer y escribir a los 3 años de edad.

Era un sonrosado muchachito pelirrojo con el atractivo contraste de haber heredado unos intensos ojos negros de una abuela materna gitana. Vivaz, dotado de buen humor y gran simpatía, su padre le buscó los mejores tutores y a los 10 años ya hablaba y escribía con fluidez su francés natal, español, inglés, alemán, flamenco e italiano. Antes de cumplir los 15 años ya había añadido a los lenguajes que dominaba el árabe, el portugués y el holandés. Antes de cumplir los 16 años, fue presentado ante la reina Catalina de Médicis, quien siendo muy erudita, sintió inmensa e inmediata simpatía por el joven Jean.

Jean a menudo jugaba con los hijos del rey, y en 1566 conoció al hombre que sería el gran amor de su vida: el futuro Enrique III de Valois. Varios chicos, entre ellos los hermanos y primos mayores de Enrique, aprovechando que el futuro rey era muy enclenque, lo habían revolcado y golpeado, dejándolo en medio de un gran charco cubierto de barro. Jean, quien era ya un robusto muchacho 6 años mayor que Enrique, lo sacó del fango, lo llevó chineado a sus habitaciones y ordenó a los criados que llevaran abundante agua caliente y ropas frescas para asear al golpeado cipote .Enrique nunca habría de olvidar el trato cariñoso, las manos suaves y la sencillez de Jean, quien le enseñó posteriormente a jugar ajedrez.





En 1567, Jean tuvo que regresar a Rouen. Su padre había muerto de un infarto, y aunque era el segundo hijo debía de hacerse cargo de la familia mientras su hermano mayor Jacques Adrien regresaba de Venecia. Enrique montó una pataleta ante la partida de su amigo, pero unas buenas nalgueadas de parte de su madre le hicieron comprender que Jean tenía cosas más importantes que hacer. Jacques Adrien regresó de Venecia 9 meses después de la muerte del padre de ambos, y lo hizo a tiempo de ver el cadáver de su madre, quien en una crisis depresiva se había lanzado desde lo alto de un torreón en un exitoso intento de suicidio. Tras haber sepultado a la señora, Jacques Adrien permaneció solo un año en Normandía y luego, siendo más vago que un perro callejero, se enrumbó de nuevo para Italia prometiéndole al joven Jean que regresaría muy pronto.

Cuando Enrique de Valois fue enviado a Polonia como rey electo, Jean ardía en ganas por ir a despedirlo le impidió poder viajar a París. Harto de esperar que su irresponsable hermano mayor regresara de Italia, Jean en el verano de 1574 se dirigió a Venecia para ir a buscar al primogénito. Dejando a su prometida Rachel Levi vestida y alborotada al incumplirle la palabra de boda, Jean nomás llegar a Italia se fue a buscar a su hermano. Lo encontró en el salón de la famosa cortesana y poetisa Verónica Franco. Jean y Verónica Franco trabaron muy buena amistad, y cuando Jacques Adrien renunció a sus derechos sobre la vasta propiedad de la familia, ella sirvió de testigo ante los notarios que plasmaron todo por escrito. Un día antes de que Jean saliera de Italia, Enrique, quien venía huyendo de Polonia dejando el trono vacío para enrumbarse a Francia y asumir el mando galo, se topó en casa de Verónica Franco a Jean. Fue tan grande la alegría de Enrique de encontrar a su amigo que existe testimonio que ambos lloraron como plañideras en el reencuentro. Enrique invitó a Jean a que se uniera a su séquito para el viaje, pero Jean declinó tal honor alegando que debía regresar a Rouen para poner en orden asuntos de familia. Enrique no lo dejó partir hasta que Jean le prometiera que llegaría a su coronación. Cuando el 13 de febrero de 1575 Enrique fue coronado, y dos días luego lo casaron con Luisa de Vaudemont, Jean estuvo presente. Curiosamente, Luisa nunca sintió celos de Jean, a quien en una ocasión le dijo,"Cada vez que miras a Enrique, confirmo que el amor con mayúscula existe. Gracias por amarlo más que yo."

Jean y Enrique por fin consumaron su amor en la noche del cumpleaños número 31 de Jean, y reza la leyenda que Jean antes de poseer al rey le preparó el baño a como lo hizo cuando ambos eran chiquillos. Luego durmieron en una cama cubierta de pétalos de rosas y jazmines, y al amanecer el rey le juró amor eterno a Jean a pesar de que en historia amorosa habría cabida para mignons como el Duque de Epernon, Francois DÉpinay, Louis Berenguer (quien antes fue amante de Margot, la hermana de Enrique) y Jacques de Levis entre otros. Enrique III nunca estuvo demasiado ocupado o malhumorado como para no recibir a su amado Jean, quien le daba sabios consejos y le sacudía la melancolía cantándole madrigales que él mismo había compuesto. Jean compuso más de 400 canciones, algunas de ellas de contenido decididamente erótico, inspiradas por Enrique. Cuando un 12 de mayo de 1588 un populacho furibundo hizo huir al rey a Chartres, Jean se fue tras de él. Cuando Enrique hizo asesinar al Duque de Guisa en diciembre de 1588, Jean le dijo, con lágrimas en los ojos,"No lloro por él, sino por tí pues éste es tu final."

En enero de 1589, un horrorizado Jean regresó a Rouen y se casó con Rachel Lévi tras convertirse al judaísmo. Rachel comprendió que su esposo cumpliría su deber con ella pero que nunca lograría que Jean la amara. Le dio 4 hijos y murió de parto en 1596, dejando a Jean a cargo de los 4 niños. Antes de eso, Jean había sufrido horrores cada vez que recibía correspondencia de Enrique, quien le rogaba que regresara. Un 1o. de agosto de 1589 la turbulenta historia de amor entre Jean y el rey acabaría cuando un fanático monje católico asesinó en Saint Cloud a Enrique. Jean afirmó en su diario que nunca se perdonaría no haber estado con Enrique en los últimos momentos. Cuando el corazón del último rey de la dinastía Valois fue remitido a su última morada en la iglesia de Saint Denis, Jean a menudo fue visto llorando silenciosamente ante esta tumba. Jean fue un padre ejemplar para sus cuatro hijos, quienes al llegar a la juventud tuvieron oportunidad de escuchar de sus propios labios su cándida confesión de cuánto había adorado al rey. Jean fundó dos orfelinatos y se dedicó a muchas obras sociales una vez que sus hijos crecieron y se casaron. Jean murió de un ataque al corazón mientras chapoteaba en una bañera en 1640, siendo sus últimas palabras,"Aguárdame, Enrique, ya llego."Su legado más valioso indudablemente fueron los 1500 poemas de amor que le escribió a Enrique, además de más de 500 canciones y 300 composiciones para laúd solo, por no mencionar una pasión incandescente que hizo del monarca galo Enrique III uno de los hombres más tiernamente amados de la historia.