Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 20 de abril de 2008

Para colmo lo chimbeaba la Wallis!


EDUARDO VIII: UN TRONO POR AMOR
Cecilia Ruiz de Ríos

Quizás el rey más contro­versial de la historia moderna sea Eduardo VIII de Inglaterra, ya que en un arranque de pasión ciega echó por la borda trono, prestigio y futuro par seguir a una divorcia­da norteamericana. Eduardo pro­tagonizó unos de las escándalos más bochornosos de la corona británica, y eso que a través de los siglos las ingleses han proba­do que sus monarcas poco han tenido de flemáticos.

Eduardo vino al mundo un 23 de junio de 1894 coma primogénito del hogar formado por el rey Jor­ge V de Inglaterra y su esposa Mary. Ni su papá le ponía buena cara al muchacho, ni su madre gustaba que Eduardo de chiquito le escalara par las faldas para ser chineado par ella. Desde bebé, lo fueron preparando para que fue­ra todo un rey, con cargas académicas pesadas y mucha discipli­na. Nunca fue muy buen alumno, pera concluyó los estudios a como pudo.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, el joven Eduardo pidió que le enviaran en misión militar, pero su calidad de personaje re­gio no le permitió saborear com­bates, algo le causó tremenda frustración. Al final de la guerra, Eduardo quiso viajar par doquier como embajador extraoficial, y fue ahí donde se desenvolvió ex­hibiendo modales muy poco pro­tocolarios, abundante encanto y un sentido desbordante del buen humor.Siendo uno de los Príncipes de Gales (titulo asignado al herede­ro al trono inglés desde que el villano Eduardo I Pataslargas con­virtió a su heredero Eduardo II en el primer príncipe de Gales a fines del siglo XIII) más popula­res, su simpatía personal y gran picardía le convirtió en el soltero más codiciado del mundo y las mujeres lo seguían continuamente.

A sus 21 años, Eduardo conoce a la casada Lady Coke, y aunque Ia señora le Ilevaba 12 años, el príncipe se enamoró locamente de ella y mantuvieron relaciones no tan secretas durante 3 años. Cuando Eduardo andaba viajan­do par el extranjero, le enviaba floridas y perfumadas cartas por docenas, y cuando estaba el príncipe en Londres, Lady Coke estaba a su lado todo el tiempo.


Sin embargo, esta linajuda seño­ra prefirió conservar su matrimo­nio relativamente intacto, dada que era conocido que Eduardo era un picaflor que podía desva­necerse en cualquier momento. Otro gran desmán del rey, fue Frieda Ward, una mujer que esta­ba casada con un miembro del parlamento británico. El encuen­tra se dio como en las cintas de guerra, en 1918, cuando un ata­que aéreo enemigo obligó a Eduardo y a la desconocida Frie­da a refugiarse en un polvoso sótano. Mientras pasaba el peligro, Eduardo lució sus dotes de piro­peador incontenible, establecien­do conversación tan fascinante con la mujer que cuando salieron del sótano hablaban entre si como viejos amigos. Esta rela­ción iniciada de forma tan curiosa habría de durar 16 años, y Eduar­do nuevamente perdería la cabe­za por una mujer casada. Eduar­do solía llamarla por teléfono todos los días muy temprano, y es­tando en Londres tomaba té con ella a las 5 de la tarde, o un café au-Iait (café con leche) que aca­baba siendo un café -au-lit (café en el lecho).

Las relaciones entre Frieda y Eduardo fueron tan estables que ella ni se molestó cuando él tuvo un devaneo con Lady Thelma Furness, apodada “ToddIes”. Esta mujer de 24 años era la hermana gemela de la rica heredera Gloria Vanderbilt. Thel­ma estaba casada con el armador in­glés Lord Marmaduke Furness, y se trataba de una fulgurante mujer atrapada en un matrimonio de conveniencia.

Eduardo abandonaría tanto a Frieda como a Lady Furness cuan­do se topó con una norteamerica­na llamada Wallis Simpson. Wallis entró en la agitada vida de Eduardo cuando en 1931 Lady Furness se la presentó y nunca dejó de albergar remotas espe­ranzas que Eduardo se casara con ella, y en la misma noche que ella le presentó a Wallis, TELAM co­metió el error de quererle dar ce­los al príncipe coqueteando abiertamente con el playboy is­maelita Alí Khan. Wallis, divorcia­da del primer consorte y en ese momento aún casa­da con su segundo esposo, deci­dió atrapar a Eduardo. Wallis pronto obtuvo el divorcio de su segundo cónyuge para estar dis­ponible y poder pescar al soltero más codiciado del mundo.

Al morir Jorge V, Eduardo había pasado a ser rey, y aunque char­chaleaba de pasión por su Wallis, el asunto del matrimonio no era solo cosa de buscar las docu­mentos y amarrar el lazo. Dada que ya existía el acta mediante la cual los miembros de la familia real no pueden casarse sin el consentimiento de familia y el parlamento, la cosa se ponía co­lor de hormiga. Salieron a relucir los más lúbricos detalles del pa­sado de Wallis Simpson. El he­cho de ser dos veces divorciada sabía muy mal y el parlamento no quería ver a “esa aventurera’ convertida en reina.

Eduardo tuvo que elegir entre su trono y lo que él consideraba el amor, y en un emotivo discurso trasmitido para la BBC, el rey que era Eduardo dejaba el taburete real a un her­mano menor. Seis meses des­pués de la abdicación, Wallis y Eduardo se casaron y pasaron a ser los Duques de Windsor. La familia real se negaba a recibir a Wallis, y el ingreso de Eduardo se vio en peligro cuando quisie­ron recortarle su presupuesto. Wallis y Eduardo se fueron a vi­vir a Paris al exilio dorado, y lue­go dieron mucho en que hablar por sus amistades, entre ellas el asqueroso Adolf Hitler.
Fue tanta la simpatía que Wallis y su espo­so manifestaron por el Führer que hasta se rumoró que Eduar­do hizo buenas migas con dicho chacal con la esperanza de ver­se restaurado al trono inglés si los Aliados perdían la II Guerra Mundial.
Wallis, sin ser ni bella ni particu­larmente amable, logró dominar con puño de hierro a Eduardo. Como amante ya había logrado que Eduardo abandonara tanto a Frieda coma a Lady Furness. Ya de esposo, pasó a ser el más enamorado y galante de los caballeros. Eduar­do a diario depositaba una rosa roja sobre la almohada de su mu­jer, pero en numerosas ocasiones ella lo regañaba y lo manda­ba a dormir al sofá tras arañarlo violentamente. Siempre malcriada e insatisfecha, le montaba cantaletas de varias horas de duración. No tuvieron hijos, pero Eduardo permaneció fielmente atado a su “manzanita de la discordia” tal como si los hubieran tenido.

En 1970, cuando Eduardo fue in­vitado a la Casa Blanca a cenar con Richard Nixon, el ex monar­ca le dijo al entonces presidente, “Tuvo la inmensa suerte que una buena chica norteamericana ac­cediera a casarse conmigo y desde entonces llevamos 30 años de dicha”. Un 28 de mayo de 1972, Eduar­do murió a consecuencia de un galopante cáncer de la garganta que él mismo se causó a través de años consecutivos de incan­sable fumado. Murió en brazos de WalIis, quien se quedó sola y acompañada par sus malcriados perros con los cuales compartía el mismo carácter.