Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

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Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 4 de mayo de 2008

vale la pena morir por complacer al macho?


LAS VICTIMAS DE LA MORTALIDAD MATERNA

Cecilia Ruiz de Ríos

A lo largo de la historia, varias valiosas féminas se fueron de este valle de lágrimas a causa de partos complicados o abortos. Algunas, como la bella Mumtaz Mahal quien está enterrada en el Taj Mahal, fallecieron tras larga experiencia trayendo niños al mundo y Mumtaz feneció en su parto No.14, dejando a su esposo Sha Jahan como mono maltirado.
De la Italia Renacentista, la figura de Lucrecia Borgia -hija predilecta del Papa Alejandro VI- nos llega envuelta en sensualidad, intrigas y misterio. Muchos historiadores la consideran una mujer lasciva, prepotente e intrigante, y fue casada 3 veces. Entre sus amantes incluyó a su propio padre, con quien cohabitó en medio de una orgía de tres días cuando los participantes de estas francachelas solo iban ataviados con sombreros y máscaras. La muerte de esta bellísima mujer se dio cuando ya habiéndose dedicado en su madurez a las caridades y obras sociales, cometió un desliz y no quiso parir el producto de sus amores. Al parecer la comadrona no hizo un buen trabajo de asesinato de la criatura y Lucrecia murió desangrada a consecuencia del aborto.
En los tiempos de la Edad Media y el Renacimiento, las reinas eran mujeres destinadas a cumplir con su deber reproductivo y ser figuras de adorno. Reina muerta, reina repuesta, y Enrique VIII de Inglaterra se perfila como el hombre que gastó mas esposas en busca del ansiado heredero varón. El glotonazo rey inglés vio cumplido aquello de a la tercera la vencida cuando su tercera esposa, la fofa Juana Seymour, por fin le dio el esperado hijo varón. Posteriormente procedió a morirse de una galopante infección uterina que en aquellos entonces llamaban fiebres puerperales. Juana no pudo gozar la gloria de ser la madre del heredero ni chinear a su Eduardito, pues a los pocos días del parto, se fue de este valle de lágrimas. El pago recibido por este sacrificio "en aras del reino" fue que cuando Enrique VIII estiró los tenis, pidió ser sepultado al lado de la abnegada Juana, de quien sospecho que si hubiera un " más allá" no hubiera querido estar en tan nefasta compañía!
Otra reina que vio su vida truncada por el triste destino biológico de mujer fue la hermosísima Isabel de Portugal, esposa de Carlos I de España y V de Alemania (nieto de los Reyes Católicos de España). Isabel de Portugal era tan bella que los pintores se peleaban por pintarla, y entre los que plasmaron su hermosura en lienzos estuvo Tiziano. Las malas lenguas, y la mía a la cabeza, le dieron a la espléndida Isabel a Tiziano por amante. La reina murió de un aborto mal atendido, según versiones del palacio que hablaban de hemorragias y fiebres galopantes de la monarca... dejando a su acongojado esposo y a su afligido hijo -el futuro Felipe II de España- preguntándose exactamente qué pasó. Para colmo, Isabel se llevó la trágica distinción de ser uno de los cadáveres cuya descomposición fue tan galopante que casi tuvieron que vertirla a cucharadas en un féretro fortificado.
Luis XIV, el viril e insaciable Rey Sol, perdió a una de sus amantes cuando ésta sufrió un aborto espontáneo. Mademoiselle Fontanges era una de las mujeres que apartaron recato, crítica y cualquier escollo para estar con el hombre que dijo que el estado era él ("l état c est moi"), y cuando el monarca se percató que la mujer iba a morir a causa de la pérdida de la criatura, fue a llorar al lado de su lecho de moribunda. La pobre mujer lo consoló diciendo que se iba victoriosa porque había visto llorar al monarca más grande del mundo... Y es que estos Luises franceses eran expertos matadores de hembras, porque Luis XV, sucesor del Rey Sol, también fue quien causó la muerte de la bella marquesa de Vintimille -una de sus amantes- cuando ésta murió al dar a luz a un hijo suyo.
Una de las mentes más privilegiadas de Inglaterra estaba destinada a evanecerse de este mundo a causa de un embarazo problemático: Charlotte Bronte, la autora de obras tan importantes como Jayne Eyre y Shirley. La Bronte, nacida en 1816, formaba parte del famoso trio de hermanas escritoras inglesas al lado de Anne, autora de Agnes Grey, y Emily, autora de Cumbres Borrascosas. En 1854 Charlotte se casó con un religioso que había sido colaborador de su papá. Arthur Bell Nichols se tomó muy en serio su rol de amo y señor de la casa, no comprendía el genio de su mujer y lo único que quería era descendencia a pesar de la frágil constitución física de Charlotte. La novelista, siempre complaciente, salió pipona y no vivió para contar el cuento, pues el embarazo fue tan problemático que madre e hijo murieron en 1855, antes de la fecha prevista para el parto.
La princesa inglesa Charlotte Augusta entró a este mundo con el pie equivocado. Era la hija del rey Jorge IV de Inglaterra y de su segunda esposa, Carolina de Brunswick. Este matrimonio comenzó mal y terminó peor, pues el rey inglés no podía ver ni en pintura a su mujer, llegándola a alejar de la corte y hasta a negarle el estar presente en su coronación. Jorge y Carolina se habían separado inmediatamente después del nacimiento de la princesa. Charlotte Augusta fue criada bajo estricta vigilancia y cuando le llegó el turno de servir a la patria, en 1816 la casaron con el príncipe belga Leopoldo de Saxe-Coburgo, futuro rey Leopoldo I. Si bien es cierto que su marido no le causaba repugnancia, Charlotte Augusta vio su salado destino colmado cuando el bebé que esperaba con tanta ansiedad se presentó de nalgas y no de cabeza, y la princesa se murió en el parto con la criatura atorada en su escuálida pelvis.
Ya en nuestro agitado siglo XX, una de la escultoras y diseñadoras más creativas del mundo murió cuando estaba embarazada: Sinaí Amara Trujillo. Esta exótica beldad era hija de un garífuno hondureño, Winston Trujillo, y una capitán del ejército israelí, Moshit Tabbar. Cuando la bella Sinaí Amara contrajo nupcias con el percusionista Karim Abdel Perahma del Kadar -hijo de un magnate de la OPEC y de una princesa asiática-su madre le vaticinó que esa boda "solo le causaría dolor y muerte." Perahma comenzó a exigir que Sinaí Amara le diera un hijo, fueron visitados los ginecólogos más famosos de Suiza, y a pesar de que los galenos advirtieron a la pareja que un embarazo podría presentar muchos riesgos, por fin la diseñadora quedó encinta. La dicha no fue duradera, pues en el 6to. mes de embarazo, Sinaí Amara se desplomó en la cocina de la lujosa casa en París que ocupaba. Fue encontrada por una criada y llevada al hospital, pero ya era muy tarde. La noche en que Sinaí Amara falleció desangrada por un parto prematuro el percusionista árabe andaba de farra tras un agitado concierto en París en la buena compañía de varias chicas de cabaret.