Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

jueves, 1 de mayo de 2008

Mi propia metamorfosis



LA METAMORFOSIS
(SOLO QUIERO QUE ME MIRES COMO GATO)

Cecilia Ruiz de Ríos

“Madre. Qué palabra más linda.Madre.El paraíso yace a los pies de una madre,dijo el santo Korán.Y yo me escapo de enredar en tus pies huesudos, incongruentemente adolescentes ,que no concuerdan con las múltiples fracturas, charneles en tu espinazo y la temible bala calibre 22 alojada en tu cadera. Parte de mi comida-la que no brota de tus manos hechiceras- vino en un vistoso costal por delivery, así se dice, verdad, eso aún recuerdo del inglés que antes aprendí. Antes.Antes. Y vos la cargás hacia la cocina, ese sacro altar del templo de la delicia donde yo espío cada uno de tus lentos pero elegantes movimientos, mamá.
Soy tu sombra cotidiana, y qué bien te acompaño! Yo siempre quise algo así, y hasta ahora lo logré. Cuántas cicatrices debí coleccionar hasta llegar a esta paz.
“La palabra paz es muy importante, pero nunca antes la conocí. Fui engendrado en la violencia de unas relaciones tormentosas. Desde algún resquicio de la memoria de mis células puedo atisbarme al momento en que la jadeante, enloquecida Bronya se abandonó a las caricias sucias y mentirosas de Odell, y de la semilla de un aprovechado granuja y el huevo una pobre versión judía del marqués de Sade conjugada en femenino, me hice yo. Bronya Kalman, la bella hija mayor de Pedro Kalman-quien evadía al fisco, no pagaba lo justo a sus empleados, y golpeaba a su mujer después de cerrar su tienda de aperos de costura y telas mexicanas-había desafiado todo por estar con Odell, echando pudor,prejuicio y política por la borda. En algún rincón de mi memoria oigo sus susurros al oído del capitán,si no me hacés caso me pego un tiro, o dejo de comer y me moriré con tu nombre en la lengua.
Cuando Bronya Kalman le fue con la torta a Odell de que esperaba un hijo suyo y estaba dispuesta a hacerse católica o atea, desafiar a su padre e irse con él, fue que el estiércol pegó en el abanico y se regó. “Muchacha que te pica el trasero, dejar a mi mujer e hijos por una maje que se me regaló, y para colmo como que no se sabe que uds. los judíos jodieron a Cristo, y de copete que me levanten como pato en el comité de base del Partido cuando me van a dar la militancia.Fuchi que si te he visto que no me acuerdo!” Y Bronya con su pelo color ala de cuervo, y sus ojos verdes y líbido galopante se quedó sola y embarazada, se ponía desnuda en la ventana de su alcoba donde la enllavó el abochornado Pedro Kalman a gritar Odell, Odell! mientras jugaba patéticamente consigo misma, como la pobre protagonista de La Mujer Doble cuando la encerraron en el convento, en la novela del colombiano Próspero Morales , y no probaba bocado, y para cuando nació el bebé la anorexia estaba tan avanzada que a los pocos días del parto se murió sin poder más que susurrar Odell. Aunque el enfurecido y adolorido Pedro Kalman le dio su apellido al varoncito, quien se llamó Ferdinand Kalman, se negó a cuidar del mocoso. Fue Raquel, la rubia y regordeta hermana menor de la finada, quien como tía asumió el rol de madre soltera del bebé y lo fue criando a como pudo, llegando a privarse a veces de alimentos caros para que la cobija diera y pudiera criar al bebé de ojos verdes y cabellos azabaches. Raquel lo amó con pasión desenfrenada al niño. Cuando las cosas se ponían tensas en casa, Raquel se llevaba a Ferdinand a su trabajo, lo ponía a jugar con la extensión del teléfono, o cualquier cosa para distraerlo, menos que fuera a inspeccionar los inodoros. Cuando ya el niño tenía unos 4 años, Raquel se estabilizó en una esbelta silueta, descubrió el sexo y en una de esas se topó a Arminio Almendárez.
“El asunto acabaría en una boda, aunque sus amigas le aconsejaban que ningún tipo con semejante bocaza de chancho de monte, ojos de drogadicto y modales extraños iba a resultar ser buen esposo. No fue cosa para sorprenderse que esta versión azteca del Lagarto Juancho fuera a resultar un fiasco. El primer No que le espetó Arminio a Raquel fue en cuanto a darle el apellido a Ferdinand. Mi amor, yo sé que ese huevito no lo puso tu patito, pero te encontré sin sello...no será que querés tapar algo, demasiado acepté al no encontrar sello de garantía. En tu cultura, las mujeres con experiencia incluso son repudiadas y devueltas!Mercancía de segunda.Le cuento a tu papi?Cagará un adoquín caliente si sabe. Mejor apresúrate y cuando haya un bebé hecho por ti conmigo, hablamos de apellidos,ok? Raquel aguantó pacientemente hasta que pudo quedar encinta.
“El día que la pobre rubia recibió el gravindex con resultado positivo creyó haber encontrado el paraíso en una gaveta de cosméticos viejos. Lejos estaba de imaginarse que esa ilusión se rompería en mil pedazos cuando, alarmada por un súbito dolor en el lado izquierdo del vientre, salió corriendo a llamar por teléfono a su doctor pero antes tropezó con los camioncitos de plástico de Ferdinand en las escaleras de la casa, desplomándose gradas abajo para aterrizar en un charco de sangre. Horas más tarde, al volver en sí en una cama de hospital, el médico le dijo a Raquel que había perdido al bebé y que debía de cuidarse mucho, pues se había tratado de un embarazo ectópico. Le aclaró que aunque no se hubiera resbalado en las escaleras, el bebé estaba destinado a perderse pues el embrión había estado alojado en la trompa de Falopio izquierda, la cual debido a una violenta ruptura iba a quedar inutilizada de por vida. Aunque el galeno le explicó a Arminio quela pérdida del bebé de su esposa nada tenía que ver con la caída en las gradas, y que no era debido al descuido de Ferdinand que la señora había resbalado, una rabia incandescente roía las entrañas del mejicano.”Escuintle chingado, seguro que lo hizo adrede botar a la mujer para que abortara, solo él quiero ser, es mentira que quiere un hermanito. Ni soñando le doy mi apellido, una buena tunda es la que le garantizo apenas llegue a casa..!” Armiño aprovechó que Raquel estaría dos días más en observación en el hospital y cuando Ferdinand le fue a preguntar cómo seguía mami, lo cargó a golpes.Era horrible escuchar el sonido de las botas de cuero pesado aterrizando en el cuerpecito de Ferdinand, quien chillaba y trataba de huir del enfurecido patán en que se había convertido el hombre a quien llamó papi desde que se casó Raquel con él. “No olvides de decirle a mami que tus compañeritos de clase te dieron una zurra porque no les gustan los judíos y tú los provocaste.Estamos claro?Si chillas te pongo en un orfanato donde van los hijos del mal amor.”
“Atemorizado, golpeado, humillado, Ferdinand a su corta edad no encontró opción más que el silencio. Fingió ante Raquel haberse convertido en un bully, todo un bravucón de primaria que solo sopapeando y siendo sopapeado vivía, para poder justificar los enormes moretones, gigantescos cardenales sanguinolentos que se destacaban en su tez marmórea. Era preferible aguantar los fajazos, puñetazos y hasta patadas de Armiño, quien lo confundía con una pera de boxear, que perder a Raquel. En su inocencia, Ferdinand le lloraba por las noches a un dios que no le constaba que existiera. Ay,Adonai, bendice el vientre de mami.Yo amaré al hermano que mandés con tal que yo no pierda mi hogar. La delicada fertilidad de Raquel finalmente pareció recuperarse y cuando Ferdinand ya tenía 10 años, un varoncito nació. Arminio fue bautizado mientras Raquel se antojaba de abandonarse a un soponcio, pero para evitar confundir los nombres, el regordete niño con la misma boca de jabalí del padre fue llamado Nené. Sobraron quienes opinaran que con un nombrete tan comprometedor como Nené, el muchacho podría hasta volverse leré(léase marica), pero igual se quedó el mimado gordito. Arminio desvergonzadamente ignoró a Ferdinand desde entonces, dedicado en cuerpo y alma a criar a su redondo monstrito chele.
“Por lo menos se acabaron los pijazos, pensó aliviado Ferdinand. Pero hay golpes síquicos que duelen mucho más que un puñetazo, a como dijo una vez el gran escritor inglés D.H Lawrence que de seguro era mil veces más sabio que pobrecito yo. Ferdinand aprendió a ser más taciturno que el legendario Guillermo de Orange, legendario Stadholder de Holanda que fue asesinado por las católicas órdenes de Felipe II de España, y a evitar sistemáticamente la presencia de Arminio.
Solo con Raquel se podía permitir momentáneos chisporrotazos de ternura y confianza, sobre todo cuando Arminio andaba de viaje y Nené estaba dormido, o en el kinder conforme avanzaba el tiempo.
“Arminio torturaba finamente a Ferdinand cuando su mujer no observaba, y como consecuencia de las humillaciones, Ferdinand comenzó a tener pesadillas, ataques de llanto y pataletas en las cuales se autoinfligía daño. Consiguió una navajita y jugaba a asestar golpes en la mesa en medio de los dedos de su mano izquierda. Arminio decía que eso era normal en la adolescencia, cuando las hormonas le jugaban mala pasada a los chicos y el mejor remedio era meterlo a un baño y darle un tiempito para que se diera cran.Solícitamente, Arminio acotaba que siempre debía cumplirse la precaución de no abrir la puerta intempestivamente mientras el muchacho se masturbara, o el pobre podía quedar impotente y le crecería un lanugo rojizo en la mano pecadora. Ni rasurándose jamás podría el onanista quitarse el pelo de la mano, pues le volvería a crecer, afirmaba el azteca con cara muy seria y la enorme bocaza convertida en un puchero sin gracia.
“Estando ya adolescente, Ferdinand quiso dejar de extender la mano para sus gastos más grandes, y pidió permiso a sus padres para entrar de aprendiz a un restaurante u hotel, ya que le encantaba guisar y aunque no fuera a llegar nunca a ser un chef como Escoffier, deseaba conocer mejor sobre cocina. Por medio del anuncio una célebre chef solicitaba una pareja de ayudantes a quienes les enseñaría todos los vericuetos de la gastronomía. No pagaba mucho, pero la mujer necesitaba esos aprendices pues desde que un bus la arrastró como viviente llavero por media cuadra dejándola momentáneamente en silla de ruedas con la cadera dislocada, era necesario tener asistencia para seguir en el negocio de catering. Además, la chef tenía varios alumnos de cocina, y mientras pudiera volver a caminar si ayuda, iba a precisar manos extras. Se presentaron varios, pero ella escogió entre ellos a un homosexual de ojos de gitano y a Ferdinand. Se acercó y le pegó la nariz al asombrado Ferdinand.Le dijo que él tenía buen olor. Nadie le había dicho en toda su vida que él olía bien. La miraba asombrado, maravillado, mientras le contaba la doña cómo ella había sido un teniente coronel encargado de retaguardia en las zonas más peligrosas a la hora del máximo conflicto entre sandinistas y contras, y conforme fueron trabajando juntos les contó del tiro que casi le entra por el culo como supositorio, o los charneles que adquirió durante el operativo Danto y finalmente la falta de dolor cuando una bala le penetró hasta el hueso de la cadera. Entre salsas bearnesas y langostas a la Thermidor, antes de la Alaska Horneada que estaba deliciosa, pero después de la ensalada de palmitos con hongos, les habló de sus días en París y Praga, donde aprendió el punto exacto de la pimienta y las bondades del ruibarbo, regaliz y nuez moscada. Estaba cerrando un curso de repostería cuando Ferdinand por primera vez perdió los estribos mientras sus alumnos amasaban un pan para echarlo al horno. Llorando, agarró un cuchillo para despellejar carne y comenzó a asestar golpes en la mesa donde puso su mano derecha. Varios alumnos salieron corriendo aterrorizados, creyendo que Ferdinand,acto seguido iba a correr tras ellos para matarlos a cuchillada limpia. Los estudiantes nunca regresaron. La chef no sabía qué hacer. Ella había intuido desde el inicio que había cierta tensión, un odio mal disimulado, una rabia sepultada oculta detrás de la relación supuestamente cordial entre Arminio Almendárez y su hijo mayor. La pérdida monetaria era cuantiosa para la chef, y su marido, agotado tras haber estado entrenando arduamente al equipo de baloncesto de una universidad de garage, le recomendó que mejor saliera del lío desembarazándose de Ferdinand.
El homosexual de los ojos de gitano jamás regresó a trabajar, y la chef debió contratar otro ayudante, ya que el pobre gay salió huyendo y gritando como gata escaldada o virgen imprudente con su primera regla. Ni regresó por su último salario.
“A los pocos días, el nuevo asistente renunció y se fue con el escándalo a un semanario amarillista donde le dijo al reportero que el flamante hijo de Arminio Almendárez y su señora esposa estaba tan loco de atar que si lo metían al cinco-pete(a como le llamaban al hospital siquiátrico ubicado en el km.5 de la carretera sur)era probable que instigara a los locos a desatar una matansinga entre ellos. El marido de la chef se enfureció mucho, y a pesar de que ella le pidió que guardara silencio, en una ocasión en que se encontró a Arminio en el supermercado le dijo que sería prudente que manejaran con bozal y cadena a Ferdinand. Mi mujer porque es pendeja por plantilla, pero en una de esas va a agarrar el picahielo ese tarado suyo y le va a hacer salpicón la sesera, a como hizo el maje del Smersh a León Trotsky en agosto de 1940 allá en su país, don Arminio, fueron las palabras textuales del esposo. No dejaba de tener razón.
“Esa noche, cuando Ferdinand regresó a la casa, Arminio le echó por tierra sus ilusiones de quedarse en Nicaragua a estudiar. Volando te me largas a Miami apenas te bachilleres de ese colegio chingado que es un robo descarado, y suficiente de andar con locuritas de trabajar.Toda tu vida has sido un mantenido, carga nuestra.Te vas allá y no des lata.Y no vuelves donde esa cojuela comunista.”
“El primer año de universidad pareció transcurrir en tranquilidad para Ferdinand en la Florida. Llevaba notas aceptables, aunque no brillantes. Estaba yendo a un gimnasio para combatir el estrés, y cada vez que podía Raquel lo iba a ver aunque fuera por una semana. Estaba asistiendo a terapia sicológica con un siquiatra que afirmaba que gritando se solucionaban las cosas, siempre que se gritase en voz baja como los matrimonios chinos cuando pelean. Pero todo el dineral invertido en las sesiones de ese ateperetado shrink (léase, el que encoge los líos de la cabeza, según los gringos) se fue al excusado cuando en medio de un examen semestral de estadísticas, los números y gráficos comenzaron a bailar una samba combinada con hora israelí ante los atónitos ojos verdes de Ferdinand, y se vio en la irremediable situación de tener que sacar su nueva navajita turca con cachita esmaltada y comenzó a dar gritos, asestando navajazos contra su mano derecha. Impactó su dedo gordo y la sangre corrió, pero lo peor fue cuando se hirió su propio muslo y un geyser de sangre brotó manchando a dos muchachas que estaban al lado suyo. El rector de la universidad no dudó en expulsarle y echarle la policía y en menos de media hora, toda una combinación de Grand Guignol con tragedia sofocleana se conjugó para Ferdinand. El endemoniado decano que llamó a Raquel a Nicaragua le dijo que corriera hacia Miami para llevarse a su freak on a leash (tarado con correa) antes que reabrieran Alcatraz solo para encarcelarlo a él. Ferdinand regresó cabizbajo a Nicaragua escoltado por un gélido y abochornado Arminio y una angustiadísima Raquel, mientras su regordete hermano menor Nené se burlaba de él a mandíbula batiente, aunque no delante de sus amigotes del colegio estafador de ricos donde iba porque le importaba ya el qué dirán. Lo enviaron a una universidad cara, la más lujosa de Nicaragua, pero la situación en casa cada día empeoraba. La última detonación familiar se dio cuando la novia de tiempos de colegio de Ferdinand, al saber que él andaba en Nicaragua, quiso ver cómo lo pescaba para aterrizarlo en la cama y luego achacarle a él la barriga de dos meses que se había dejado poner en medio de una noche de copas y numerosos chicos.
“Arminio perdió la paciencia y sin importarle que Raquel lo estaba mirando como si lo conociera por primera vez, y se lanzó hacia Ferdinand durante la cena. Rodaron los platos y cubiertos, todo se rompió y antes que Arminio pudiera matar al muchacho, Raquel trató de protegerlo. Un puñetazo certero de Arminio privó a la mujer del conocimiento, y Ferdinand, con el pómulo izquierdo sangrante y ekl cuerpo casi molido a palos se escapó. Nunca lo volvieron a ver, pero nadie dijo nada, y Raquel y Arminio inventaron que Ferdinand se había ido a otra universidad a los Estados Unidos. Nadie les creyó.
“Y no les pueden creer. Porque Ferdinand sigue en Nicaragua. Ya no habita en lo que nunca fue su hogar. Porque ahora tiene un hogar propio donde es amado. Ferdinand mudó de piel, de lo poco que le dejó servible Arminio, bajó arrastrándose de dolor hacia el boulevard, se escabulló en la noche, se orientó por el recuerdo de canela y orégano y el tibio calor del horno tras la tanda de cocina,y se deshizo de su sangre aunque no pudo vomitar sus recuerdos. Hoy tiene otra forma. Es largo, azabache, lustroso, majestuoso, pero conserva sus ojos verdes penetrantes y sonrientes. Lo miran como gato, en el buen sentido de la palabra. Porque yo, que ahora me llamo Salomón y soy tu gato de cocina, fui Ferdinand hasta que tuve esta metamorfosis beneficiosa. Como cuanto quiero, me estiro cuanto quiero, y gozo del amor ilimitado y sin reservas de tu esposo, tu hija y hasta del perro pekinés con cara de cochón que tenés. No creas que rehuiré a tus caricias perfumadas de albahaca y ajo, de azafrán y tomillo por mucho tiempo. Cederé, y me dejaré chinear como tu más mimado bebé.Pero dame tiempo. Deja que se borre la huella en mi cebolla frontal derecha, de cuando me herí allá en Miami. Permite que ni la luna tierna me saque dolores de mi columna vertebral azotada pero aparentemente sana. Para mientras, solo quiero que me mirés como gato, tu gato negro, con la misma mirada de madre complacida que me miraba Raquel antes que el destino nos separase. Ahora vos sos mi madre, y aunque en Nicaragua la expresión Tu madre es soez, y el ser visto como gato significa algo despectivo, vos sos mi madre y me ves como gato, y no hay mayor paraíso que el que el Korán receta, por fin, a los pies de la madre.”

24 de agosto de 2004