Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 4 de mayo de 2008

cuando te pagan con la misma moneda

LAS GRANDES "PIFIAS" Y ATROCIDADES MADE IN USA
Cecilia Ruiz de Ríos
Tras haber estado discutiendo sobre la agitada historia de los Estados Unidos con alumnos y una politóloga norteamericana, es indiscutible que uno de los países que más momentos embarazosos ha pasado en público es nada menos que los Estados Unidos de Norteamérica. Recordando que muchas veces, a como dice ese gran antiimperialista que es el inefable Gabito (Gabriel García Márquez), las "pifias" o bochornos públicos de los gringos se deben a que quien desayuna con la soberbia generalmente almuerza con la verguenza.
Una de las pifias más graves de la historia Made in USA es que aunque la constitución suya fue ilustremente redactada por el célebre Jefferson y los principios de la nueva nación llevaban aportes del gran Franklin, la realidad es que los Estados Unidos nació con la asquerosa mácula de la esclavitud, y uno no puede evitarse el hacer preguntas sobre hasta que punto era tan democrático Jefferson, o si era que no le convenía la abolición de la esclavitud que sería el detonante de la Guerra Civil en los 1860s sencillamente porque Jefferson estaba interesado en seguir oprimiendo en todo el sentido de la palabra a su esclava mulata Sally Hemmings…
A pesar de que Benjamin Franklin, otro de los artífices de la independencia norteamericana, dejó su huella imborrable en el nacimiento como país del coloso imperialista, ni usando los lentes bifocales que inventó este gestor del pararrayo se puede ver bajo buenos ojos el escándalo que rodeó al ilustre Franklin cuando primero hizo que su propio hijo experimentara peligrosamente con la cometa para el atraer al rayo o cuando luego como iracundo padre hizo que un retoño suyo fuera encarcelado porque el chavalo estaba a favor de los ingleses.
La firma de la declaración de la independencia fue otra pifia que sufrieron los gringos. Dado que atentar contra la majestad o poder del rey Jorge III de Inglaterra era delito mayor cuando EEUU aún era colonia inglesa, los firmantes de la declaración no se atrevieron a estampar sus firmas hasta que se enfriara el caldo ya que tenían mucho miedo de ser procesados por traición. Poco tenían los gringos de ser independientes cuando pasaron el bochorno de ver su ciudad capital quemada por manos inglesas, siendo este uno de los incidentes de agresión en su propio territorio respecto al cual prefieren fingir tremenda amnesia.
Un 5 de octubre de 1813 un feo y aprovechado político habría de asesinar a uno de los máximos dirigentes de los indígenas Shawnee, el gran Tecumseh. Luego ese político, llamado William Henry Harrison, habría de llegar a la presidencia utilizando como lema de campaña el hecho de haber sido un asesino de indios. Tras su enorme discurso inaugural en el cual pescó una pulmonía, pareció cumplir con la maldición que le echó encima el moribundo y pasconeado Tecumseh, y un mes después de entrar a la Casa Blanca Harrison murió con los pulmones literalmente pulverizados mientras muchos indios norteamericanos se desternillaban de la risa. Este no sería el único feo que los indios harían protagonizar a los cheles norteamericanos.
Un 25 de junio de 1876 el rubio y sanguinario héroe de la Guerra Civil George Armstrong Custer se fue con sus tropas de caballería a luchar contra los indígenas. Esta vez el gobierno gringo le quería arrebatar la potestad de las Lomas Negras a los Sioux porque debajo de ellas habían riquísimos yacimientos minerales. Pues allá se fue el mataindios Custer con la santa intención de deschincacar a los indios y robarles sus tierras, pero le salió la venada careta y entre Caballo Loco y Toro Sentado le mostraron con cuantas papas se hace un guiso, pues fue la valentía de las tropas indias la que ganó la Batalla de Little Bighorn. El campo quedó hecho un reguero de tucos de gente-preferiblemente cheles- y solo un pobre caballo fue el cholenco sobreviviente de tamaña batalla.
Muchos afirman que el trauma dejado por la Guerra Civil en la siquis norteamericana es porque fue la única guerra que pelearon en casa, ya que todas las otras las han hecho en suelo ajeno. De esa conflagración parten dos bochornos espantosos: el hecho que se fueran a las manos entre hermanos porque los sureños querían seguir explotando a los negros, y el germen de donde brotaría una de las organizaciones más vomitivas de la historia: el Ku Klux Klan.
El Ku Klux Klan prosigue en su debilitada existencia hasta en estos días, pero la costumbre de ir a quebrar ventanas y vidas en la casa del vecino sigue rigiendo la política del gran garrote estadounidense a lo largo de su sucia intervención por doquier…desde el destronamiento de la última reina hawaiiana Lilino hasta la matanza de chiquillos en Afganistán en su cacería loca de talibanes, sin olvidar que en Líbano hicieron atrocidades, masacraron a los vietnamitas y en la década del 50 sangraron a Korea por los 4 costados mientras unos burdos soldados gringos llamabas "ratoncitos feos" a la misma gente que decían querer librar de las garras del comunismo.
El derribamiento de las Torres Gemelas de Nueva York apenas fue una incidencia más de agresión contra Estados Unidos en su propio terreno. A inicios del siglo pasado el revolucionario azteca Pancho Villa se les voló la cerca fronteriza y anduvo como Juan por su patio en un ataque relámpago al sur de Estados Unidos. Luego el 7 de diciembre de 1941 los nipones se ataviaron de nuevo de samurais para ir a bombardear Pearl Harbor, propulsando a los gringos hacia una entrada formal en la II Guerra Mundial, quienes por fin pudieron darse el gusto de tomar ese ataque como pretexto para ir a pelear con todas las de ley. Fue en esta "última guerra declarada por el congreso" cuando Gringolandia se quitó la careta de yo-no-fui y Harry Truman dejó caer los dos confites atómicos a través del avión Enola Gay sobre Hiroshima y Nagasaki, llegando a ejercer el terrorismo de estado en uno de los crímenes de guerra más espeluznantes de todos los tiempos