Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

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Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 11 de mayo de 2008

el señor presidente y su segunda dama


MAS CARA QUE SUCURSAL DE PRESIDENTE...
LOS MANDATARIOS CON QUERIDAS
Cecilia Ruiz de Ríos
No sé por qué muchos consideran casi de rigor que un rey o emperador tenga favorita, pero cuando un presidente o caudillo tiene sucursal, la cosa cambia. Pocas cosas hay más caras que una querida de premier o dictador, pero a lo largo de la historia muchos de ellos han tenido como concubinas a mujeres valiosas o completos desastres.
El tercer presidente de los Estados Unidos, el erudito Thomas Jefferson, se vio en aprietos cuando tomó como amante a Sally Hemmings después de haber perdido a su esposa. La hermosa mulata llegó a tener varios hijos del presidente a quien se le debe la compra de Luisiana, y Jefferson, según malas lenguas tan viperinas como la mía, nunca quiso hablar mucho de la emancipación de los negros porque quería seguir oprimiendo a su propia negra, en todo el sentido de la palabra! No sería el único presidente gringo que fuera atacado por tener sucursal, porque en el siglo XIX también es digno de mencionar el brevísimo y gordo James Garfield, a quien su propia esposa lo tiró de las mechas de la barba en un arranque de celos cuando se enteró que tenía ina pasión ciega por una chica de baja estofa a quien había instalado en bonita casa. Cuando el ampuloso Woodrow Wilson se casó en segundas nupcias poco después de la muerte de su primera consorte, no faltó quien lo acusara de haber tenido a la querida solo esperando que la legítima estirase la pata.
Otros hasta injuriaron a Wilson diciendo que envenenó a su primera mujer. El hombre a quien Wilson entregó el mando de los Estados Unidos sería un chele hermoso llamado Warren Gamaliel Harding, y éste protagonizaría una aventura morada con la joven Nan Britton, una chica quien se enamoró de él cuando Harding apenas era un editor de Ohio y ella una colegiala. Harding incluso llegó a consumar el coito como conejo asustado en un closet del despacho Oval de la Casa Blanca mientras su atolondrado y fiel perro Laddie Boy aúllaba solidariamente por él. Nan tras la muerte del pobre Harding escribió un libro acerca de su affaire y afirmó que la niña que parió era del presidente. Franklin Delano Roosevelt, el presidente quien sacó a los gringos de la espantosa depresión de los años 30, no se vio impedido por la silla de ruedas para tener aventuras y entre sus queridas, llegó a enamorarse de forma violenta de la modosita Missy Le Hand. Lo triste del caso fue que mientras FDR andaba zanganeando con ella y otras, su propia esposa quiso saber qué se sentía tener querida y se echó de amante lésbica a la periodista Lorena Hickock, llevándola a vivir a la Casa Blanca!
Dwight "Ike"Eisenhower, quien se cubrió de gloria durante la II Guerra Mundial dirigiendo el Desembarco de Normandía, pasó gran bochorno en la década de los 50 ya siendo presidente pues su amante irlandesa, Kay Summersby, publicó en su libro "Más Allá del Olvido" que Ike a veces padecía de impotencia. Al parecer durante la guerra, Ike no solo había hecho mapas militares, sino que hizo operación cusuco y no precisamente solo mientras las bombas caían sobre Inglaterra!
John F.Kennedy llegó al punto de ser el presidente gringo que virtualmente convirtió la Casa Blanca en motel. Entre sus amantes estuvieron la opulenta Jayne Mansfield y la esplendorosa Marylin Monroe. En nuestros días, Bill Clinton se puso más rojo que tomate maduro cuando afloró el caso de la gordita judía Mónica Lewinsky con todo y el puro delator. Es fácil para algunos fanáticos políticos decir que eso de las sucursales son parte de la descomposición capitalista, pero la verdad es que los señores de izquierda han hecho de las suyas también. Cuando Vladimir Ilitch Lenin se llevó a vivir bajo el mismo techo que su robusta esposa a la menudita Inessa Armand, no era la primera vez que se echaba querida atuto. Sin embargo, el amor del ruso por su Inessa fue apabullante, y hasta la Krupskaya acabó teniéndole mucho cariño a su comadre.
El guapo y multitalentoso hombre unificador de Yugoslavia, Josip Broz Tito, siempre tenía una esposa y por lo menos una querida, y varias veces la querida calentaba banca para mientras el hermoso estadista pudiera desposarla. La querida más famosa de Tito fue la bella percusionista francesa María Marteaneau, quien al darse cuenta que tenía como rival no solo a la esposa de turno, lo sopapeó en público y amenazó con castrarlo. El chef, poeta, maestro y patriota vietnamita Ho Chi Mihn tuvo suficiente energía no solo para liberar a su país, sino también para echarse de queridas a varias apetecibles hembras, entre ellas Claude Jihan, una curvilínea médico francesa con quien se fue a la cama en la primera cita y con quien manufacturó una hija. Mao Tse Tung, padre de la China comunista, cambiaba de querida tan a menudo que era difícil seguirle el paso. Entre las más famosas estuvo una legendaria patriota cantonesa quien quedó loca después de sobrevivir a la legendaria marcha.
Los dictadores siempre han buscado cómo hacerse de queridas vistosas. El ex hombre fuerte de Indonesia, Sukarno, adquirió como juguetito caro a la japonesita Dewi, pero luego se casó con ella tras el nacimiento de una niña. Adolf Hitler tuvo numerosas amantes, entre ellas su propia prima Geli y luego la que sería su esposa, Eva Braun, pero se quedó con la ira de no poder conquistar a la fabulosa Marlene Dietrich. Benito Il Duce Mussolini encontró el amor verdadero en la persona de Clara Petacci, una morena belleza quien fue su amante fiel, a tal punto que cuando lo iban a ajusticiar los partisanos, Clara ofreció morir por él y al soltarse las balas, ella interpuso su cuerpo entre el pelotón de fusilamiento y el dictador. Vano intento.
Al verse casado sin amor con Kamala Devi, el padre de la independencia india Jawaharlal Nehru optó por buscar más allá del hogar la pasión que siempre quiso sentir. Para no perder la costumbre de decir Kamala, se enredó con la novelista y periodista india Kamala Napurdalah, quien acabó teniendo un hijo suyo.
Quizás la más fulgurante de las amantes latinas haya sido la erudita y hermosa Manuela Saénz, compañera de vida del Libertador Simón Bolívar. Aunque solo compartieron los 8 años finales de vida de Bolívar, la pasión que les unió deja pálida cualquier telenovela. En Nicaragua, la fama de Príapo de don René Schick fue inmensa, y no se le quedaba atrás Augusto Calderón Sandino, quien aunque nunca fue presidente, tuvo carisma suficiente como líder para que le mencionemos entre otras a la salvadoreña Teresa Villatoro. Integrada al folklore popular nica, la hermosísima Dinorah Sampson logró cautivar al último miembro de la dinastía Somoza, Tachito Somoza Debayle, y llegó a tener tanto poder que era la primera dama de la república en todo menos papeles oficiales

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