Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

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Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 4 de mayo de 2008

Uno ojo por los dos ojos, por un diente la dentadura!



LOS RENCOROSOS MAS INCREIBLES DE LA HISTORIA
Cecilia Ruiz de Ríos
No es ningún secreto que padezco del cáncer incurable que es el ser rencorosa, y el día que me muera en el ataúd iré recordando cuanta zanganada me hayan hecho en este valle de lágrimas. Si bien es cierto que el rencor a menudo nos amarga la vida y nos hace sufrir, repitiendo que la venganza es el manjar de los dioses a como dice Mario Puzo, me consuela saber que comparto mi "defecto" con numerosos célebres de la historia.
Uno de los seres más rencorosos de la historia indudablemente que fue el bello conquistador y monarca macedonio Alejandro Magno, y su resentimiento y gran ira iba dirigida a nada menos que al autor de sus días, Filipo II de Macedonia. Alejandro expresaba que su padre nunca lo quiso, que nunca lo valoró y que él se las tuvo que entender por sí solo (aunque con apoyo de Aristóteles, su tutor). Cuando un viejo asesor de su padre durante un banquete en Persia le recordó a Alejandro sobre la grandeza de Filipo II, Alejandro se enojó tanto que lo ultimó con una lanza dejándolo como brocheta vestida. No sería el único monarca que rezongaría emanando bilis rencorosa contra su padre. En la Edad Media el rey inglés Enrique II de Plantagenet se vio odiado por sus hijos Ricardo, Godofredo y Enrique cuando instados por la madre de ellos ( Leonor de Aquitania, quien albergaba rencor contra Enrique por sus infidelidades) los jóvenes se le rebelaron y lo quisieron destronar.
Alfonso, padre del monarca ruso Pedro I El Severo, también fue odiado por su hijo cuando el viejo Alfonso le mandó a matar a su tercera esposa, Inés. El rencor del joven Pedro fue tan grande que se fue a la guerra contra su propio papi. Federico II de Prusia jamás pudo perdonar tampoco a su padre el rey Federico Guillermo I debido a los maltratos a los cuales el viejo lo sometía, incluyendo el hecho de que le eliminó a su primer amante, el teniente Katte. El Mahatma Gandhi, a quienes muchos consideran un santo, fue objeto del rencor de parte de dos de sus hijos a los cuales maltrató y descuidó tanto que acabaron siendo semerendos antisociales. En medio de sus borracheras, uno de los hijos de Gandhi expresaba deseos de muerte hacia el pobre viejo, y cuando éste fue asesinado un 30 de enero de 1947, el hijo que se hizo musulmán se alegró del deceso del Mahatma. Mucha ira hacia su padre el rey Enrique VIII también sentiría la fea y enfermiza María I Tudor de Inglaterra, dado que el glotonazo de su papi la había declarado bastarda cuando el monarca abandonó a Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena.
Posteriormente, María I Tudor tendría gran rencor hacia su hermanastra Elizabeth-habida con Ana Bolena-porque no la consideraba su igual y sentía celos violentos de la erudita y bella pelirroja. María Tudor le dio vida de perro a Elizabeth mientras estuvo reinando, encarcelando a la futura reina virgen bajo acusación de conjura. Elizabeth I, una vez que fue coronada tras la muerte de su agria y hedionda hermanastra María, no pudo perdonar que su prima escocesa María Estuardo conspirara contra ella, y en un arrebato de celos y rencor hizo decapitar a María de Escocia de una vez por todas. Los odios entre hermanos, sobrinos y primos siempre acarrearon grandes costales de rencor por doquier, y el monarca galo Luis XIV no fue excepción cuando exilió a su prima hermana Mademoiselle Ma. Luisa de Montpensier después que esta linajuda participó en la revuelta de la Fronda.
Isabel la Católica mostró ser altamente rencorosa y vengativa contra su propia sobrina Juana La Beltraneja cuando murió Enrique IV el Impotente(hermano de Isabel y supuesto padre de Juana), luchando hasta destronar a la muchacha y arrebatarle el cetro de Castilla. El colmo de la acumulación de los rencores intrafamiliares fue la Guerra de las Rosas, a finales del medievo y entrando al Renacimiento, cuando las casas de Lancaster y York se fueron a la guerra por el trono de Inglaterra. En la India bajo el dominio mugalo, era frecuente que el hermano o el hijo destronara al monarca, lo encarcelara o lo asesinara, a como sucedió en el caso de Sha Jehan, quien tras matar a sus hermanos para entronizarse, fue depuesto por su hijo Aurangzeb para que éste eliminara la competencia matando a hermanos y sobrinos en un real baño de sangre.
Las madres, sobre todo aquellas que han sido desnaturalizadas infligiendo daño a sus retoños, han sido objeto de gran rencor de parte de su prole. Nerón, cuando no se quiso dejar controlar por su bella madre Agripina, tuvo que soportar que su mamacita lo quisiera destronar. Ciego de odio, atentó en varias ocasiones contra su vida hasta que finalmente la hizo ultimar con una espada cortándole el vientre. Catalina II de Rusia fue objeto del inmortal rencor de parte de su hijo mayor el zar Pablo I, dado que el chico jamás fue criado por ella. Apenas esta zarina murió, Pablo I hizo de todo para enlodar su nombre y derogar sus decretos. El gran sabio francés Jean Le Rond D’Alembert albergó mucho rencor hacia la Marquesa de Tencin, su madre biológica, ya que la libertina noble, cuando él nació, lo dejó abandonado en las gradas de una parroquia. Claro, cuando Jean ya era famoso, le fue rentable para la vieja marquesa reconocerlo como hijo, pero para entonces Jean no quiso saber de ella, dedicando toda su ternura a su madre de crianza.
La reina Cristina de Suecia tampoco le perdonó jamás a Ma. Leonor de Brandeburgo, su alocada progenitora, que haya intentado matarla cuando era una bebé. Apenas subió Cristina al trono sueco, hizo alejar de ella a la desnaturalizada e intrigante Ma. Leonora. Fernando VII de España, quizás el soberano más asqueroso que los españoles hayan tenido la sal de ver coronado, odiaba de forma regia a sus padres Carlos IV y Ma. Luisa, a tal punto que alegando nunca haber recibido afecto de ellos, pidió a Napoleón Bonaparte que los despachara de este mundo lo antes posible…cosa que afortunadamente el Petit General no hizo! El gran escritor Ernesto Hemingway jamás olvidó su rencor hacia su madre, quien cuando él era niño, le pegaba y lo vestía de mujer. En el siglo XX, tanto la diva de origen griego María Callas-quien afirmaba que su madre solo quería explotarla-como la novelista y corresponsal de guerra Kamala Napurdalah no toleraban la cercanía de sus progenitoras, sobre todo que Kamala sabía que su madre quiso abortarla. No era para menos!
Peor rencor que el que se cría entre marido y mujer o entre amantes no existe, y la pobre monarca ostrogoda Amalasuntha acabó ahogada en la bañera por su segundo consorte y primo lejano Deodato, quien la consideraba una usurpadora del trono. En la época medieval, la soberana Tamara de Georgia tuvo que enfrentar el rencor de su primer esposo, quien se sublevó contra ella porque la bella reina no quiso aguantarle sus borracheras y barbaridades.Jorge I de Inglaterra no solo no le perdonó la infidelidad a su esposa, sino que hizo encerrarla tras divorciarse de ella, añadiendo como sobremesa que mandó a asesinar a su amante.Los pedacitos del amante eliminado le fueron remitidos a la afligida mujer.Jorge IV de Inglaterra odió a su esposa Carolina tanto, que recordando lo infeliz que fue con ella, no le permitió estar presente en su coronación.
Florence Kling, la fea y altiva esposa del presidente gringo Warren Gamaliel Harding, nunca le perdonó las infidelidades a este hermoso chele y su rencor era tan obvio que cuando Harding se murió de un ataque cardíaco en 1923, hasta se rumoró que Florence lo había envenenado.El pintor español Pablo Picasso nunca olvidó que la joven francesa Francoise Gilot, quien fue su amante, logró escapar de sus garras de maltrato, y se expresaba en los peores términos de ella .Pero quizás el rencor más venenoso de todos fue el que sintió la reina Isabella de Inglaterra, esposa del monarca Eduardo II, cuando éste le hacía desprecios porque prefería a los hombres.Isabella,apoyada por su amante Roger Mortimer, depuso a Eduardo Ii y lo hizo asesinar en uno de los crímenes más grotescos de la historia.
Hasta la vez, cuando recuerdo la muerte por malpraxis de mi gato abisinio Emperador José II de Habsburgo me entran unos deseos furibundos de matar al veterinario que lo malatendió, probando que soy rencorosa hasta los tuétanos. Si bien el rencor entre familiares es grave, a lo largo de la historia hemos visto algunos personajes cuyos resentimientos han llevado hasta a la hecatombre y el desastre. En mi inmarcesible rencor hacia el asesino de mi gato no estoy sola, pues durante el Renacimiento en el Japón, el gran shogun Iyeyasu Tokugawa hizo desmembrar al veterinario que no le pudo salvar la primera camada de gatitos de su adorada gata chinga Val
El rencor de una esposa ultrajada hacia la suegra puede ser mortal, a como se pudo apreciar cuando la Sultana Valideh Turhan hizo eliminar a su suegra estrangulándola mediante unos esclavos, y no cabe duda que antes de ella, Khurrem-esposa de Solimán El Magnífico-tuvo las mismas ganas de hacer con la madre de su augusto consorte, ya que la vieja se metía en todo. Otra suegra merecedora del rencor de su nuera Claudia de Francia fue la gruñona y dominante Luisa de Saboya, madre del rey Francisco I de Francia. Estefanía de Bélgica, esposa del archiduque Rodolfo de Habsburgo, odiaba por puros celos a su suegra Sissy Emperatriz, quizás porque la fea y sosa princesita belga jamás podría compararse en belleza, simpatía o erudición con la hermosa Sissy.
Cuando Sissy fue ultimada en septiembre de 1898, Estefanía, ya alejada de la corte austríaca y habiendo enviudado en 1889 de Rodolfo, bailó en un pie de alegría al saber la noticia del deceso de su suegra. Isabel de Portugal, esposa de Juan II de Castilla, tampoco agradeció las interferencias del cortesano Álvaro Luna, quien siempre estaba de tercera rueda de la carreta. Si hay algo que una esposa odia, es a los amigotes del esposo, y la sensual Isabel de Portugal (madre de Isabel de Castilla) mandó a asesinar a Luna cuando ya la tenía frita por ser tan metiche. El gran monarca guerrero Shaka Zulu jamás perdonó las afrentas a las que lo sometieron a él y su madre Nandi, por lo tanto al ser coronado le pasó la cuenta a todos los que los habían humillado. El despecho es semilla de un buen rencor, reza el refrán celta, y el romano Julio César jamás le perdonó al caudillo avernio adolescente Vercingétorix no solo que casi lo haya derrotado en varias ocasiones, sino también que el hermoso chele galo nunca se quiso ir a la cama con Julio, quien era bisexual.
Durante casi 6 años de cautiverio en Roma, Vercingétorix fue fogosamente asediado por Julio César, quien al percatarse que el avernio jamás se iría al lecho con él, soltó toda su ira y rencor y lo asesinó en público. Cuando la judía Lou Andreas Salomé rechazó al filósofo germano Federico Nietszche, el amor que el genio sintió por ella se convirtió en un rencor tan incandescente que le echaba los peores verbos en público. La rivalidad es otro fuerte motivo para sembrar cizaña y rencores, y los monarcas Felipe II Augusto de Francia y Ricardo Corazón de León de Inglaterra se fueron tirando de las mechas a lo largo de la 3ra. cruzada debido a que ambos querían regresar ricachones de la Tierra Santa. Para colmo, Ricardo se había negado a casarse con Alais, una hermana de Felipe II Augusto, después que esta chica se hizo amante de Enrique II de Inglaterra, padre de Ricardo.
Los boyardos rusos fueron merecedores del rencor inextinguible del cruel zar Iván IV el Terrible, dado que el monarca siempre creyó que tanto su madre Elena Glinski como su primera esposa Anastasia Romanov, fueron envenenadas por estos nobles sedientos de poder. Para vengarse, Iván creó una guardia secreta encargada de ejecutar a los linajudos. Antes de él, en Transilvania, el odio eterno del príncipe Vladimir Drácula se desató contra los turcos que invadían sus territorios. Vlad de chico había estado secuestrado en el harén del sultán otomano de turno, donde lo sometieron a todo tipo de vejámenes. Drácula pasó a la historia como el Empalador por su método de eliminación de sus enemigos. Nicolás I de Rusia se ganó el eterno rencor del novelista Feodor Dostoyevsky después que el zar ordenó ejecutar al genio, y aunque esta sentencia se cambió por exilio en Siberia, el autor de Crimen y Castigo jamás dejó de odiar al monarca.
La iglesia ha sido objeto y también telón de fondo para grandes rencores. El papa Gregorio no perdonó al monarca germano Enrique IV cuando riñeron por el asunto de las investiduras laicas, y el rey alemán tampoco le perdonó al papa en cuestión que lo tuviera tiritando de frío por 3 días esperando que revocara la excomunión. El resentimiento del rey galo Felipe IV de Francia fue enorme contra el papa Bonifacio VIII y los Templarios, y Felipe el Bello mandó a azotar a Bonifacio a Agnani y luego se sacó sus malas pulgas en los Templarios, saqueando sus tesoros, desbandando la orden y quemando a su Gran Maestre.
El papa Alejandro VI, padre de Lucrecia Borgia, también dejó que su rencor contra Girolamo Savonarola lo consumiera, y el predicador acabó siendo asesinado "en nombre de Dios". José II de Habsburgo, Sacro Emperador Romano y rey de Austria, soltó todo su rencor contra la iglesia católica privándola de muchos privilegios y propiedades, al igual que antes había hecho el rey inglés Enrique VIII Tudor cuando despojó a los monasterios ingleses de sus pertenencias en revancha porque la santa sede no lo dejó obtener un divorcio de Catalina de Aragón.

El gran literato galo Víctor Hugo prefirió vivir en aislamiento antes que tener que alternar con el emperador Napoleón III, contra quien tenía un resentimiento pataguino. El rencor político porque el sur perdió la Guerra Civil se anidó tan profundamente en el alma del actorcillo John Wilkes Booth que éste no tuvo paz hasta que asesinó de un tiro al gran estadista gringo Abraham Lincoln un 14 de abril de 1865. La envidia que sentía el feo y tosco político norteamericano William Henry Harrison contra el Libertador Simón Bolívar se hacía patente en expresiones rencorosas y denigrantes del que luego fue el presidente más breve de los Estados Unidos. Los celos y rivalidad también hicieron que el rencor de la argentina Eva Duarte de Perón se cebara en la diva popular Libertad Lamarque, mientras que Tomás Alva Edison-el inventor más prolífico de todos los tiempos-se ponía rojo cuando le mencionaban al también inventor George Westinghouse, pues ambos competían por la supremacía de su corriente eléctrica.
Edison y Westinghouse a menudo se echaban verbos como dos vivanderas peleando en pleno mercado, y fue un rencor que ni el tiempo entibió. Leon Trostsky se hizo merecedor de tan galopante rencor por su rival José Stalin sencillamente porque el judío tenía más dotes y simpatías que el mostachudo y tosco georgiano. Apenas Lenin estiró la pata, Stalin montó al poder y se dio el gustazo de mandar a asesinar a su rival cuando éste ya estaba en México. Los celos retrospectivos le jugaron una rencorosa pasada al millonario gringo Harry K. Thaw, pues no vivía en paz sabiendo que en el pasado de su bella pero libidinosa esposa Evelyn Nesbit el que se llevó la primicia fue el arquitecto neoyorkino Stanford White. Como consecuencia, a inicios del siglo XX Thaw en medio de un jolgorio baleó al ex amante de su hermosa mujercita. Quizás el recor más peligroso de todos los tiempos fue el de Adolfo Hitler hacia su abuelo paterno, un judío quien tras acostarse con su sirvienta, no legitimó al padre de Hitler (Alois). Este resentimiento hirviente causó que el chacal Hitler acabara con más de 6 millones de hebreos…solo por rencor a un abuelo que no quiso cargar con su bastardo!