Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 11 de mayo de 2008

El gran tejedor de melodìas


MAURO GIULIANI:
EL JILGUERO DE LAS CUERDAS PUNTEADAS
Cecilia Ruiz de Ríos
Uno de los recuerdos de infancia que más atesoro es el de Juana, mi madre, tocando su mandolina en las tardes. A menudo era música de Antonio Vivaldi, Tárrega, Sor o Paganini, pero también adoraba a un italiano llamado Mauro Giuliani, cuya Gran Sonata en La Mayor hasta la vez tiene el poder mágico hasta para quitar dolores. Al arribar a una efemérides más del Día Nacional del Músico, vamos a recordar a Mauro Giuliani, guitarrista y compositor italiano.
Mauro nació un 27 de julio de 1781 en Bisceglie, y moriría el 8 de mayo de 1829 en Nápoles, Italia. Aparte del catalán Fernando Sor, Mauro Giuliani es considerado como el mejor guitarrista compositor del siglo XIX. Desde niño había puesto todo de su parte para llegar a ser considerado como una eminencia de las cuerdas punteadas. Aún siendo muy pequeño, compuso algunas obras de contenido litúrgico. El y su hermano Nicolás fueron juntos a Barletta, donde ambos se aplicaron a la música. Inicialmente Mauro dio muestras de ser bueno al violonchelo, y a lo largo de su vida no habría jamás de abandonar dicho instrumento. Pero se enamoró fulminantemente de la guitarra entrando a la adolescencia. Pasaba tanto tiempo tañendo este instrumento que ni el hambre lo hacía dejar a un lado su “instrumento con curvas de mujer,”como él llamaba a la guitarra.
Mauro se casó con María José del Mónaco y en 1801 tuvieron un hijo, a quien llamaron Miguel. Poco después del nacimiento del niño, Mauro fue a pasar un tiempo en Trieste y luego en Bologna, lo cual no le agradó demasiado a su joven esposa. La cosa se puso peor cuando Mauro acabó de estudiar contrapunto, en 1806, y se largó hacia Viena, Austria, dejando en Italia a su furibunda esposa y a Miguel. Viviendo en Viena, se lanzó a una apasionada aventura con una chelita llamada Adele Willmuth, y como resultado de esta relación la muchacha le tuvo una hija al compositor en 1807, María. En 1807 Mauro estaba destinado a iniciar un nuevo período en su composición ya que se había sumergido profundamente en la corriente de la música instrumental vienesa. Como concertista, estaba siendo muy cotizado a nivel europeo.
Se convirtió en celebridad, y dado que tenía un aspecto bastante atractivo y aún estaba joven, las mujeres lo seguían por doquier. Mauro a través de su virtuosismo logró establecer nuevos parámetros para el fino arte de tañer la guitarra. Nicolás Paganini, quien era paisano suyo y también estaba en la cima de su fama como concertista, le enviaba flores con notas que decían,”Tengo envidia de vos, compondré algo para guitarra, aunque no creo que sean tan bellas piezas como las que vos habéis compuesto.”

La obra de Mauro también era admirada por grandes compositores de la época, como el germano Luis Van Beethoven y el también italiano y rey absoluto de la ópera Joaquín Rossini. Tanto el Divino Sordo como Rossini se hicieron amigos suyos, también. El entusiasmo por Mauro no dejó fríos ni a los altivos Habsburgos, y pronto Mauro fue invitado a tocar a la par de otras luminarias como Hummel y Moscheles(piano), Mayseder(violín) y Merk(violonchelo) en suntuosos conciertos en el palacio de Schonbrunn en Viena. La entrada para estos conciertos costaba un ducado (una moneda de oro, un platal en aquellos dorados entonces). El 8 de diciembre de 1815, cuando se dio el Congreso de Viena, Mauro estaba en la orquesta como violonchelista para el estreno de la memorable 6ta.Sinfonía de Beethoven.

Curiosamente, en Viena Mauro era mucho más apreciado como concertista que como compositor, a pesar de que sus obras fueron publicadas por la editorial Artaria. En 1819 Mauro debió irse de Viena por razones mayormente personales. Su cuenta bancaria y su propiedad fueron confiscadas para pagar el cerro de deudas que había acumulado en su vida opulenta. Volvió a Italia, viviendo brevemente en Trieste y Venecia antes de fijar residencia en Roma. Trajo consigo a su hija Emilia, quien había nacido en 1813.

Tanto Emilia como María, ambas hijas de Mauro estudiarían en un convento entre 1821 y 1826. En Roma no era muy aclamado, y viajaba mucho a Nápoles para asistir en su enfermedad a su papá. Nápoles le acogió con los brazos abiertos, y a menudo tocó en conciertos a dúo con su hija Emilia, quien se había convertido en eximia guitarrista. Hacia 1828 Mauro ya andaba mal de salud, y murió un año más luego en Nápoles. Sus obituarios fueron modestos, y algunos periódicos incluso lo ignoraron. Pero el valor de sus numerosas obras para guitarra lo habrían de sacar del anonimato tras su muerte, y hoy en día sus obras son como la Biblia para los fieles del credo de la guitarra.