Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

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Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 11 de mayo de 2008

los mimaditos de sus majestades



LOS GRANDES FAVORITOS DE LA HISTORIA
Cecilia Ruiz de Ríos
Un indignado macho de la especie me reclamaba el otro día de que no solo los reyes tuvieron queridas (y concubinos) a montón, y recordaba que varias reinas también gozaron de momentos alegres con sus amantes. En realidad, muchos hombres pasaron a la historia como los amorcitos secretos o no tan secretos de monarcas, y algunos hasta se dieron el lujo de cambiar el curso de la historia.
Uno de los favoritos más encantadores de la historia no fue el "mari novio" de una reina, sino de un conquistador: Alejandro Magno. Hefaestión fue amigo de la infancia del hermoso Alejandro, y a lo largo de su vida fue su inseparable compañero de vida. El amor entre ellos solo acabó con la muerte de Hefaestión, quien además no conocía los celos. Hefaestión ni se molestó cuando Alejandro Magno invitó a su lecho a un eunuco persa adolescente llamado Bagoas, quien había sido mucamo del gran rey persa Darío. Entre Hefaestión y Bagoas, Alejandro Magno se sentía completamente realizado. Bagoas, tras la prematura muerte del rey macedonio, nunca volvió a amar, consagrando su extraña "viudez sin anillo" a la memoria de quien fue su amo y amante.
Julio César no solo fue el amante del rey Nicomedes de Bitinia, sino que también fue el primer amante oficial de Cleopatra VII Filopator, la legendaria reina egipcia. Cleo le parió un hijo(Cesarión) y lloró abundantemente cuando Julio César fue apuñaleado en las gradas del senado romano, pero pronto pescó otro favorito-romano también-en la figura del bolenco pero encantador Marco Antonio. Cleopatra le tuvo gemelos y otro hijo más a su favorito, y le proporcionó armas y apoyo para rebelarse contra Roma. Lástima que Cleo y su borracho favorito perdieran la Batalla de Actium, ya que poco después ambos se vieron forzados a acabar con ellos mismos.
No era la primera vez que una soberana egipcia se recetaba un favorito. Antes de la bella Cleo, la vigorosa Hatshepsut había tenido por favorito a Senenmoot, quien además era su gran consejero. Aunque Hatshepsut nunca se casó con su amante, le obedecía fielmente y le honraba en público a menudo. La mandamás de la India, Sultana Razzia, también tuvo un favorito que comenzó como su sirviente. Tan buen servicio, acompañado de una musculatura a lo Dolph Lundgren, le pavimentaron el camino al criado...hacia el lecho de la sultana.
Entre los romanos, Adriano se dio el lujo de amar con pasión a su joven Antínoo, y cuando su mozalbete murió en Egipto, lo deificó e hizo levantar una ciudad en su nombre. No sería el único emperador romano que tuviera un favorito macho, ya que el depravado Nerón-tras matar a su encinta esposa Poppea de una patada en el vientre-adquirió un chico de placer físicamente idéntico a su difunta mujer, lo hizo castrar y hasta se casó con él en ruidosa ceremonia.
En la Edad Media, a la reina Leonor de Aquitania se le ocurrió ofender a su primer marido-el santurrón Luis VII de Francia- teniendo como favorito a su propio tío Raymundo. Lo peor del caso fue que Leonor no solo cometió incesto flagrantemente, sino que lo hizo durante la Cruzada en que acompañó a su marido, precisamente cuando se suponía que estaba pensando solamente en Dios. El mal de conseguir favoritos lo heredó Ricardo Corazón de León, el hijo predilecto de Leonor de Aquitania. Entre sus favoritos se incluye al sultán Saladino, su rival en la Tercera Cruzada. De Saladino se dice que antes de enamorar a Ricardo, ya había tenido devaneos con la mamá de éste, Leonor, quedando todo en familia.
Otra reina francesa que tuvo grandes amores con un favorito fue Isabeau de Wittelsbach, quien era la esposa del pobre rey loco Carlos VI. Isabeau adquirió como favorito al hermano menor de su marido-Luis de Orléans-y hasta manufacturó con su ayuda al futuro rey galo Carlos VII. Este Carlos VII sería el cobarde soberano a quien Juana de Arco colocaría en el trono, pero siendo producto de semejante adulterio entre la reina y su cuñado favorito, no es de extrañarse que haya salido tan inservible como para no mover un dedo para salvar a su benefactora Juana de Arco cuando los ingleses la remitieron a la hoguera.
La francesa Isabella Capeto, hija de Felipe IV el Hermoso de Francia, al casarse con el maricón Eduardo II de Inglaterra no fue feliz, sin embargo adquirió como favorito a Lord Roger Mortimer. Pronto, Isabella-llamada la Loba Francesa por los ingleses-se alió con su concubino para deponer a Eduardo II, a quien hicieron asesinar en el Castillo de Berkeley mediante hierros calientes introducidos por el posterior. Lord Mortimer entonces es recordado como un favorito real cuya influencia cambió el curso de la historia.
La caída de Eduardo II, por otro lado, se debió al amor desmedido por dos de sus favoritos. Primero se enamoró tan violentamente del poeta Piers Gaveston que no quería cumplir sus deberes matrimoniales con Isabella. Con el correr del tiempo,Piers literalmente perdió la cabeza por el amor del monarca(los barones lo ejecutaron). Hugh Despenser,por cierto ancestro de Lady Di,fue el gran amor de la vida de Eduardo II. Cuando Isabella depuso a su marido, el hermoso Hugh fue desmembrado en público con lujo de saña.
Carísimo le costaría al erudito monarca Juan II de Castilla el haber sido yuntita de Alvaro de Luna, quien le consiguió a su segunda esposa Isabel de Portugal. Una vez casada, la portuguesa Isabel odió al favorito de su marido y tramó para quitarlo de en medio. Enrique IV el Impotente, hijo mayor de Juan II y entenado de Isabel de Portugal(quien por cierto acabaría más loca que una cabra tras parir a la futura Isabel la Católica), también tuvo un gran favorito,Beltrán de la Cueva. Dado que Enrique IV el Impotente sufría lo suyo porque en aquel entonces no había Viagra, se especuló que Beltrán de la Cueva y él se miraban bastante raros... Cuando Enrique IV el Impotente se casó con Juana de Portugal, ésta adquirió de favorito en la cama a Beltrán. Entre sábanas, Beltrán y la joven Juana confeccionaron a la princesa Juana, a quien le llamaban La Beltraneja pues era bastarda del favorito.
Muchos le asignan a Isabel la Católica un favorito bastante controversial: Cristóbal Colón. La reina española indudablemente sentía un cariño galopante por Colón(a pesar de que nunca le pagó lo que le debía por haber cumplido con 4 viajes) y hay quienes juran que lo patrocinó porque había algo más que amistad entre ellos. En realidad, las versiones se contradicen y solo la reina a quien le debemos la desgracia que nos hayan venido a saquear los españoles se llevó a la tumba el secreto de su intimidad con Colón.
Complaciendo a lectores que afirmaron que mi lista de favoritos se quedó chinga, seguimos con la «lista roja» de la historia.
Una de las monarcas que prefirió tener favoritos en lugar de esposo fue la bella pelirroja inglesa Elizabeth Tudor, quien a pesar de ser llamada «La reina virgen» se duda mucho que se haya ido al otro mundo con el himen puesto en su lugar. Elizabeth amó con locura a un cortesano que pasó a ser leyenda: Lord Essex. Alérgica a las bodas, al salir Essex de su vida Elizabeth habría de perder nuevamente el corazón por un muchacho de apenas 19 añitos de edad cuando ella ya estaba menopáusica.
No sería la única reina de su época que diera en qué hablar a causa de los favoritos, ya que al otro lado del canal de la Mancha, en Francia, la hermosa Margot de Valois comenzó a tener amantes desde que su propio hermano Enrique cometió incesto con ella. Entre los favoritos de la libidinosa Margot estuvo Bussy DÁmboise, un cuarentón apellidado de la Mole(cuya cabeza ella conservó en su alcoba cuando el galán fue ejecutado acusado de conspiración), y numerosos pajes con los cuales la sensual Margot se refocilaba a pesar de estar casada con el futuro Enrique IV de Francia.
Jacobo I fue el rey que quedó en el trono cuando Elizabeth I murió en 1603 sin dejar descendencia. Jacobo no solo heredaría el cetro inglés, sino también la costumbre de Elizabeth de tener favoritos machos. Aunque Jacobo se vio casado con la chela princesa Ana de Dinamarca, siempre tuvo favoritos masculinos, entre ellos un noble llamado Jorge que estaba bastante pesadito de peso. Jacobo I acariciaba en público a este gordito, logrando que las lenguas (con la mía en este siglo)hicieran añicos su reputación.
Jacobo I no sería el único en ostentar un amor apasionado por sus favoritos machos, ya que Enrique III-hermano de Margot de Valois-sería el rey francés cuyas correrías con amantes masculinos serían la comidilla de su tiempo. Casado por razones de estado con la dulce Luisa de Mercour, Enrique tuvo todo un ejército de mignons, pero entre ellos se destaca el hombre que lo adoró con una pasión casi enfermiza: Juan Alejandro de Normandía. Desde el instante-siendo ambos niños- en que Juan le limpió los mocos al futuro rey hasta que Enrique murió asesinado, Juan se dedicó en cuerpo y alma a amar al monarca, dedicándole más de 1000 poemas de amor.
Tres zarinas de Rusia fueron famosas por sus favoritos: Catalina I, Elizabeth Petrovna y Catalina II. Catalina I fue elevada de meretriz a emperatriz por su boda con Pedro I el Grande, pero una vez casada con el zar regresó a sus malas costumbres al echarse de amante a Wilhelm Mons (precisamente el hermano de Ana Mons, quien había sido amante de Pedro I antes que éste desposara a Catalina). Cuando Pedro se enteró que su mujer se las había pegado y que le daba todo gusto a Wilhelm, lo hizo ejecutar y la cabeza del infortunado favorito fue a parar en un vaso de vidrio con vodka encima del tocador de Catalina I, quien debió soportar esta amarga tortura.
Elizabeth Petrovna heredó de su disoluta madre el gusto por los amantes, y aunque nunca se casó, tuvo numerosos favoritos a los cuales les daba a manos llenas del erario, entre ellos un soldado prusiano llamado Jorge Federico. Cuando murió Elizabeth, su sobrino Pedro III tuvo que soportar que su esposa, inicialmente llamada Sofía Augusta de Anhalt Zerbst y Catalina tras su conversión a la fe ortodoxa, le restregara numerosos favoritos en la cara. Catalina, aprovechando que Pedro III era impotente debido a una fimosis galopante, perdió la virginidad con un noble de apellido Saltykov, quien fue el padre biológico del feo Pablo I de Rusia. Posteriormente Gregorio Orlov pasó a ser favorito de Catalina, y entre ambos depusieron e hicieron asesinar al tarado Pedro III.
Aunque Catalina -ya como zarina Catalina II- tuvo hijos con Gregorio Orlov, nunca se quiso casar y continuó teniendo favoritos, entre ellos el famoso tuerto Gregorio Potemkin, quien para conservar su ascendiente sobre la libidinosa Catalina II hasta se dio a la tarea de cabrón real escogiéndole los amantes. Entre los posteriores favoritos, Catalina se apasionaría por un abuelo del compositor Nicolás Rimsky-Korsakov, y siendo ya una madura menopáusica, hasta por un veintiañero arrogante llamado Platón Zubov, con quien sostenía sesiones amorosas nada platónicas.
Otras reinas tendrían sus momentos apasionados con sus favoritos, entre ellas Ana Mauricia de Austria-esposa de Luis XIII de Francia y madre de Luis XIV-quien tuvo un romance con el duque de Buckingham, y la odiada Madame Déficit(ma. Antonieta de Habsburgo, esposa de Luis XVI) quien se hizo adorar de su siempre fiel Axel.
En la corte de Luis XIV no era nada raro ver al hermano menor del rey Sol, Felipe de Orléans, en grandes arrumacos en público con su eterno favorito, el Caballero de Lorena. En el siglo XIX, Luis II de Baviera echó a correr las lenguas romanceando primero con el compositor Ricardo Wagner-a quien mantenía en gran boato-y luego con un alemancito rubio también llamado Luis.
Ma. Luisa de Parma, al convertirse en la esposa del rey español Carlos IV-ya llevaba fama de cachonda. Aunque se le imputaron varios amantes, el favorito perenne fue el rollizo Manuel de Godoy, cuyo ascenso de soldado a general y luego primer ministro se debió exclusivamente a su paso por las bragas de Ma. Luisa. Lo curioso es que Carlos Iv también quería mucho a su «compadre» y cuando Napoleón Bonaparte echó del trono español a Carlos y María Luisa, estos cargaron con Godoy hacia el exilio. Isabel II, reina que fue nieta de Ma. Luisa y Carlos IV, también tendría numerosos favoritos para compensar que Francisco, su esposo, era gay. Isabel fabricó al futuro rey Alfonso XII con el militar Enrique Puigmoltó, aunque no faltan quienes le imputen la paternidad del alegre Alfonso a otro favorito, el «Pollo» Arana.
Mientras la reina Victoria de Inglaterra se ruborizaba ante cualquier mención considerada impúdica, el destino se haría cargo de hacerle tragarse sus críticas. Tras la muerte de su adorado Alberto de Saxe Coburgo Gotha, Victoria tuvo un fornido criado escocés llamado John Brown a quien todo mundo le criticaba su excesiva confianza con la pudibunda monarca. Dos nietas de Victoria también ostentarían favoritos: María reina de Rumania por su boda con el feo Fernando, y Alexandra de Hesse Darmastad, zarina de Rusia por su boda con el pusilánime Nicolás II Romanov. María amó con locura a un romántico cortesano llamado Stirbo, pero Alexandra se manchó de lodo por su sórdida relación con el monje loco y oportunista Rasputín.
La princesa Grace Kelly de Mónaco, ex estrella de Hollywood con un pasado escarlata de quitamaridos convertida en princesa por su boda con Rainiero de Mónaco, también tuvo un favorito siendo una señorona cuando hizo un documental con un cineasta muy simpático. Para colmo en 1980, yo la vi en París con dos mozalbetes universitarios en una boutique comprando ropa para sus petsywetsies, aunque posteriormente alegaría a un tabloide parisino que eran «becarios de familias pobres a quienes ella beneficiaba».Recordando que los franceses afirman que quien mucho se excusa se autoacusa, Grace Kelly probó que mientras hayan cabezas coronadas, seguirán existiendo los favoritos.