Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

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Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 4 de mayo de 2008

Los lanzalodos,segùn Roosevelt


MANDATARIOS Y PERIODISTAS: ENTRE EL AMOR Y EL ODIO
Cecilia Ruiz de Ríos
Es indudable que los periodistas, seamos French fry (papafritas) o no, no dejamos indiferente a nadie. A lo largo de la historia, los comunicadores y sus gobernantes han tenido las más diversas relaciones que van desde un odio glacial hasta un apoyo incondicional. Al conmemorarse una efemérides más del Día del Periodista Nicaraguense, vamos a revisar algunos casos pintorescos.
En la antigüedad, cuando no había ediciones dominicales ni periódicos virtuales, el primer emperador romano Augusto(cuya acta de nacimiento le llamaba Octavio) tomó la sabia actitud de ser tolerante hacia los comunicadores que en muchas ocasiones hasta se burlaban de él por ser cojo y enclenque. Augusto jamás persiguió a periodista alguno, y entre sus mejores amigos estaba el pelirrojo Claudio Cneo Silio, cuya lengua era más viperina que la mía cuando ando el azúcar elevada.
Tampoco perderían la paciencia ni el sueño por los forjadores de la opinión pública emperadores como Vespasiano, su hijo Tito o el filósofo emperador Marco Aurelio, quien afirmaba que "la versión de los otros es el espejo en que también nos tenemos que ver reflejados." Sin embargo, esta actitud encomiable no fue adoptada por intolerantes como Diocleciano o Constantino I, a quien le sentó muy mal que un cronista criticara su desborde de ego al llamar Constantinopla a la nueva sede del imperio. Próculo tuvo que sufrir el odio inconsumible de la emperatriz bizantina Teodora porque en sus crónicas, el susodicho la llamaba prostituta y otros vistosos apelativos.
Carlomagno fue el primero de los reyes medievales en enfatizar el rol educativo de los periodistas de entonces, quienes a menudo se paraban en una esquina a anunciar los diversos acontecimientos de la comunidad. Carlomagno, rey que unificó las galias, exigía que los periodistas fueran muy letrados y si posible hablaran varios idiomas, lo cual si hoy se impusiera tal medida por estos lados, sería popularmente odiado. Babar el Tigre, valiente guerrero descendiente de Tamerlán y fundador del imperio mugalo de la India, no solo apoyó a los comunicadores premiando a los mejores de su tiempo, sino que él mismo les dio el ejemplo escribiendo su celebérrima crónica Baburnama, obra que hasta la vez es muy leída. Sin embargo, su descendiente Aurangzeb odiaba tanto a los comunicadores que al subir al trono tras derrocar a su papi Sha Jehan, hizo ejecutar a varios por haber expresado opiniones favorables a sus rivales.
El rey galo Enrique III no solo quiso reprimir a los que publicaban gacetas y panfletos en Francia durante las horribles Guerras de Religión, sino que le tocó bailar con la loca de tener por amante idolatrado al bardo y periodista empírico Juan Alejandro de Normandía. A pesar de estar galopantemente enamorado del rey, el noble normando jamás permitió que su pasión homosexual por el monarca le restara objetividad a sus crónicas.En una ocasión, uno de los panfletos de Juan Alejandro cayó en manos de Enrique, quien ignorando de donde provenía dicha publicación, delante de su amante pidió a los guardias que buscaran al autor y lo ejecutaran. Juan Alejandro, muy sereno, tomó el documento en mano y le dijo,"Fui yo.Y qué?"Enrique se puso morado por unos minutos, luego abrazando a su mignon le dijo,"Escribes muy bien, aunque prefiero tus poemas de amor."Y hasta ahí llegó la censura, por lo menos para Juan Alejandro.
Pedro I el Grande de Rusia no solamente fue tolerante con los periodistas en Rusia, sino que también dotó a ese país con su primer periódico. Lástima que su ejemplo no fue seguido por uno de sus descendientes, el odioso Nicolás I de Rusia, quien aplicó en el siglo XIX una de las más apretadas leyes del bozal de la historia. Al morir de resfrío mal atendido Nicolás, su hijo Alejandro II soltó las amarras de la censura en Rusia y hasta toleró que los periodistas le llamaran todo tipo de oprobio.El péndulo del amor/odio entre periodistas y zares volvería a oscilar tras el asesinato en 1881 de Alejandro II, pues tanto su hijo Alejandro III como su nieto el inservible Nicolás II habrían de aplicarle mano de hierro a los periodistas, llegando a exiliar a Siberia a varios de ellos.
A pesar de ser hermana de Napoleón Bonaparte, la princesa Elisa fue una mujer que siempre gustó de la buena crónica. Por ese motivo, se interesó originalmente el las crónicas de sucesos del periodista, poeta y cuentista gringo Edgar Allan Poe, a tal punto que hasta escribió un buen libro sobre Poe. Victoria de Kent por su parte fue una mujer muy mojigata para la cual, como reina de Inglaterra, la censura debía prevalecer sobre los periódicos. Cuando se dio el sonado caso de los asesinatos de Jack El Destripador, la vieja y fofa pudibunda ordenó callar a varios medios que insinuaban que el aberrado podría ser el Duque de Clarence, por cierto nietecito mimado de Victoria.
No era la primera monarca inglesa que la emprendía contra la prensa, ya que la infeliz y gordinflona Ana Estuardo (la de los 16 partos con bebés que nacían a medio cuajar)a inicios del siglo XVIII había hecho encarcelar en Newgate al periodista y novelista inglés Daniel Defoe(el autor de Robinson Crusoe) bajo la acusación de libelo sedicioso. Alfonso XII, monarca de la línea borbónica que reinó brevemente en España a fines del siglo XIX, se caracterizó por ser bondadoso y tolerante con los periodistas, llegando a cultivar la amistad de varios de ellos. El bello y liberal(en el buen sentido de la palabra, por favor)Alfonso XII creía que la libre expresión era lo que enriquecía el pensamiento, contrario completamente a lo que opinaba su feo, traidor y vendepatria abuelo Fernando VII.
La prensa ,sobre todo la del sur de Estados Unidos, le brindó oprobios impresos al barbudo y flaco Abraham Lincoln, quien aguantó estoicamente sin ejercer censura contra los que le atacaban. La enemistad entre el ricachón y escandaloso William Randolph Hearst y el presidente gringo William McKinley llegó a tales extremos que Hearst en sus editoriales pedía el asesinato del mandatario, cosa que se cumplió en septiembre de 1901 cuando un loco agarró la vara y ultimó al pobre hombre. Al morir McKinley, su vicepresidente Teddy Roosevelt subió al poder, pero el vigoroso constructor del canal de Panamá estaba cortado de otra tela, y habría de llamar "carroñeros y salpicadores de fango" a los periodistas que le atacaban.
Los periodistas le hicieron la vida imposible al presidente gringo Warren Gamaliel Harding en la década de los 20, y eso a pesar de que el hermoso chele había sido editor de un periódico antes de ser mandatario. Franklin Delano Roosevelt supo mantener una relación equilibrada con los periodistas la mayor parte del tiempo(excepto cuando le destaparon el clavo de que usó un destructor de la marina gringa para ir a traer a su perrito Fala que se había quedado olvidado en las islas Aleutianas), pero su fea esposa Eleanor llegó a tener tan buenas relaciones con la prensa que acabó siendo la amante protectora de una comunicadora, Lorena Hickok, a quien llevó incluso a vivir en la Casa Blanca. John F.Kennedy, a pesar de haber sido tan donjuanesco, siempre lograba amistar con los periodistas a tal punto que no le sacaban los trapos al sol. Kennedy incluso se casó con la reportera Jackie Bouvier, quien posteriormente fue la darling de los periodistas al asumir el rol de primera dama.
No todos los presidentes tuvieron buenas relaciones con la prensa. Francois Felix Faure, mandamás de Francia a fines del siglo XIX, consideró adecuado sentenciar a la cárcel al novelista Emilio Zola por haber publicado en 1898 el famoso Yo Acuso defendiendo al capitán Alfred Dreyfus.En el siglo XX, el heroico y adusto Charles De Gaulle de Francia los detestaba cordialmente, mientras que el sangriento José Stalin los perseguía y exterminaba descaradamente. Los dictadores africanos Jean Bedel Bokassa e Idi Amín Dada consideraban a algunos comunicadores como dignos de ser servidos en la mesa para un festín canibalesco, siendo igual la opinión del dictador dominicano Trujillo y del sátrapa venezolano Pérez Jiménez. El asqueroso Benito Mussolini opinaba que el mejor periodista era el que ya estaba en su tumba, eso a pesar de haber editado un periódico cuando estaba joven.
Pero quizás el odio más puro hacia la prensa fue el de Lady Diana Spencer, princesa de Gales, quien al inicio cortejó a los periodistas para salir de la sombra de su marido y luego los acusó de cosas inmencionables, culminando todo en su violenta muerte en un túnel de París