Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 4 de mayo de 2008

Cuànto la calumniò Dumas?

LA VILIPENDIADA ANA DE AUSTRIA, REINA DE FRANCIA
Cecilia Ruiz de Ríos
Una de las mujeres coronadas cuya reputación se ha visto constantemente cuestionada fue Ana Mauricia de Habsburgo, reina de Francia por su infeliz matrimonio con el monarca Luis XIII de Borbón. No solamente fue objeto de conjeturas y tramas a manos del gran novelista francés Alejandro Dumas padre en sus novelas Los Tres Mosqueteros y El Hombre de la Máscara de Hierro, sino que hay historiadores que juran hasta con los dedos de los pies(y le sobran dedos) de que fue una mujer con muchos esqueletos en el closet.
Ana Mauricia vino al mundo un 22 de septiembre de 1601 en Valladolid, España, siendo la hija del monarca Felipe III, quien pertenecía a la Casa de Austria o Habsburgo. Cuando nació, su papi no mostró demasiado entusiasmo por ella dado que se preferían a los bebés machos que pudieran heredar el trono y perpetuar el ilustre apellido.
Sin embargo, Ana creció rodeada de lujos y buenos tutores, y desde chica la entrenaron para cumplir con el triste destino de las princesas de su casta: llegar a ser una devota católica con miedo al pecado y el placer, y luego pasar a ser buena esposa de algún linajudo aunque no le gustara mucho. Ana tenía ojos oscuros chispeantes, pelo casi negro y una silueta bonita al llegar a la adolescencia, pero no era muy alta. A los quince años, un 18 de octubre de 1615, la matrimoniaron por poderes en Burgos con Luis XIII, futuro rey de Francia, quien también estaba tan celeque como ella. El hermano de Ana, el futuro Felipe IV de España, fue casado por las mismas razones de estado con la hermana de Luis XIII, la bella Elisabeth de Francia. Se suponía que esta doble boda entre dos parejas de hermanitos era para promover un acercamiento entre España y Francia, algo difícil ya que a través de la historia estos dos reinos se habían estado tirando de las mechas.
Cuando Ana por fin arribó a brazos de su esposo, Luis XIII se portó frío y distante con ella. Le tenía pavor. Para efectos públicos, los dos chavalos fueron puestos en un mismo lecho para la noche de bodas. Una pareja de expertos afirmaron haber presenciado la consumación del matrimonio, lo cual aún se pone en tela de duda pues Luis XIII se caracterizaría por ser particularmente huraño ante las hembras de la especie. Ana puso todo de su parte, ya que pasión no le faltaba, pero Luis huía de sus deberes conyugales a tal punto que por muchísimos años la pareja no tendría hijos. Lógicamente, al no haber araña, no hay telaraña! Ana, desatendida por su marido, comenzó a mirar a otro lado.
Se habló de las confianzas de un pajecillo pelirrojo llamado Pierre, y cuando el elegante Lord Buckingham anduvo por Francia, los devaneos de Ana dieron pie a que dos siglos después Alejandro Dumas le levantara un intenso romance con el inglesito en Los Tres Mosqueteros. Para colmo, Luis XIII desconfiaba de su esposa a tal punto de acusarla de filtrar secretos de estado hacia su hermano el rey Felipe IV de España. Armando Plessis, el hábil cardenal Richelieu quien se convirtió en la mano derecha de Luis XIII, jamás cometió la imprudencia de llamarla espía a favor de España y suavizó su actitud hacia ella después que Ana mostró un punto en común con el implacable Richelieu: el amor por los gatos.
Richelieu, quien era gatómano consuetudinario y con su itinerario, entabló mejores relaciones con ella a partir de esta afinidad. Tras casi 20 años de frialdad conyugal, una noche de tormenta juntó a Anita con su insípido esposo. Luis andaba cazando cuando un casi diluvio lo hizo pasar la noche en la residencia de Ana. Tras este interludio, Ana trajo al mundo al fabuloso Luis XIV en 1638. 2 años más tarde, Luis XIII volvió a caer en los ardientes brazos de su Ana para manufacturarle a uno de los maricas más exquisitos de la historia, Felipe, el hermanito menor del Rey Sol.
El 14 de mayo de 1643 Luis XIII de Francia se fue de este valle de lágrimas. La muerte del indiferente marido fue la liberación para Ana. Ella se convirtió en la regente para su hijo Luis, quien apenas era un chiquillo. Aquellos que esperaban verla tropezar, se equivocaron. Ana antepuso el bien de Francia a su propia felicidad. Continuando las sabias políticas del cardenal Richelieu, Ana nombró al Cardenal Mazarin como primer ministro y se dedicó a tomar buenas acciones para gobernar. Entre ella y Mazarin optaron por no firmar un tratado de paz con Alemania y los Países Bajos. De hecho, Ana en una ocasión acabó yéndose a la guerra en contra de su propio hermano Felipe IV de España, y cuando llegaron a sentarse a la mesa para negociar, se negó a comprometer a Francia en acciones o palabras que comprometieran al país de los Luises.
Ana sabía que estaba montada en un corcel duro de domar, y cuando los nobles franceses montaron la revuelta conocida como La Fronda en 1648, se hizo el propósito de no portarse débil. Esta rebelión comenzó en París cuando el populacho dijo estar aburrido de tata guerra a impuestos incrementados, y fue apadrinada por los nobles que deseaban mermar el poder de la corona. Los rebeldes querían sacarse del pelo al Cardenal Mazarin, pidiendo que lo expulsaran de Francia. Ana defendió la monarquía y al útil Mazarin hasta el final, y la rebelión se apagó por sí sola en 1653.Quedaban sentadas las bases para el absolutismo de Luis XIV. En 1661 el agotado cardenal Mazarin murió, y Luis XIV, ya un vigoroso mozalbete, tomó la corona en sus propias manos y gobernó. A partir de ahí, Ana se limitó a ser la reina madre, hizo gestiones para casar a su hijo con Ma. Teresa (hija de Felipe IV de España y por ende sobrina carnal de la misma Ana). Ana murió de cáncer el 20 de enero de 1666 en París.

Muchos han especulado sobre la feroz defensa del cardenal Mazarin a manos de Ana durante la Fronda. Se cree que hubo un matrimonio secreto entre Mazarin y ella, dado que muchos cortesanos les sorprendieron en conversaciones más aptas entre esposos que pláticas por razones de estado. El documento de boda jamás ha aparecido por lado alguno, pero considerando que Ana siempre tuvo un temperamento amoroso apasionado, es difícil imaginarla sin atención masculina. Otra mancha sobre el nombre de Ana es en cuanto a su condición de madre. Se le ha acusado de haber pervertido la sexualidad de Felipe, su hijo menor, hasta convertirlo en marica para que no fuera un estorbo para el fabuloso primogénito Luis. Uno de los argumentos que insisten en tomar como respaldo para esto es que Ana vestía a Felipe como niña, sin embargo, no podemos juzgar los atuendos de los niños de aquel entonces con nuestra perspectiva actual, ya que incluso, para muchos, los zapatos altos de tacones rojos que usaba Luis XIV ya siendo mayor, hoy solo los usaría una cabaretera! Nadie, sin embargo, osaría tildar a Luis XIV de homosexual, aunque fue criado por la misma madre.
Ana de Austria como regente de Francia durante la minoría de Luis XIV supo defender muy bien los intereses de su patria adoptiva, y figura como una de las mejores estadistas tras bambalinas de la historia.