Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

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Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 4 de mayo de 2008

cuando el dòlar cree comprar el abolengo


Las gringas que quisieron ser azules
Cecilia Ruiz de Ríos
Lo que pocos saben en cuanto al nacimiento de la nación más poderosa e intervencionista del mundo es que los Estados Unidos al salir del yugo inglés en el siglo XVIII, no se imaginaban vivir sin rey encima, y entre las ideas descabelladas para un nuevo gobierno estuvo la propuesta hecha al rey de Prusia que tomara las riendas del nuevo país. Afortunadamente, este disparate no se dio, pero muchos gringos quedaron con la fascinación enfermiza por la nobleza, realeza y todo lo que huela rancio. En la historia gringa, numerosas mujeres aspiraron y lograron comprar títulos azules con el megadólar.
La única princesa realmente "made in USA" fue Mataoka, más conocida como Pocahontas. Esta bella adolescente Powhattan para colmo tenía gusto por los plebeyos, y cuando John Smith la abandonó, quedó con la mala costumbre de decir John y se casó con el comerciante de tabaco John Rolfe, un inglés que no llevaba una gota de sangre azul en sus venas. A partir de esta mésalliance, las cosas funcionaron al revés para los gringos y algunas de sus hijas se hicieron a la mala costumbre de soñar con príncipes azules, aunque fueran comprados. Liesl Amalia Bauer descendía de la última hija del gran guerrero shawnee Tecumseh, y toda la gallardía de los indios estaba en su carácter y preciosa fisonomía.
A los 16 años, su padre alemán y su madre de origen indígena viajaron a Europa y en un baile que dio el emperador Napoleón III en París, el exotismo de Liesl Amalia encantó a Henri Aleixandre de Breteuil, bisnieto del gran bardo y noble francés Jean Aleixandre de Normandie. El padre de Henri-quien no había heredado nada del encanto o dulzura de su ancestro-dijo que el célebre abuelo se revolcaría en su tumba al entrar una india en la familia. Liesl Amalia con su lengua mordaz le ripostó,"Por supuesto que Jean Aleixandre se revolcará en su tumba...pero del deleite, monsieur, del puro gozo!"Henri y Liesl Amalia fueron obscenamente felices, procreando 20 hijos.
En Inglaterra, durante la era victoriana se dio el fenómeno de familias de alto linaje optando por conseguir ricas herederas gringas a través del matrimonio para restaurar la cuenta bancaria. Lord Randolph Churchill, con impecable abolengo, galopante sífilis y ojos de sapo asustado, consiguió casarse con la bella, erudita y ricachona neoyorkina Jennie Jerome, hija de uno de los hombres más acaudalados del siglo XIX. Fue lo más acertado que el político inglés hizo en su asquerosa vida, ya que con ella habría de procrear a uno de los más brillantes estadistas de todos los tiempos: el incomparable y chimbarón Winston Churchill, destinado a salvar a Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial. Jennie llegaría a ser muy apreciada en Inglaterra, donde contrajo matrimonio dos veces más tras enviudar de Lord Randolph Churchill. Jennie incluso fue amante del rey Eduardo VII y fue una de las mujeres más letradas de su época, a pesar de que en aquel entonces se les consideraba a los gringos como "faltos de seso" y "carentes de buen gusto".
La hija del magnate gringo de los ferrocarriles Jay Gould, Anna, fue dada en matrimonio al Conde Boni Castellane, quien la aceptó porque iba bien forrada de dólares. Luego serían felices, pero al inicio su boda fue una mera transacción comercial. El ducado de Marlborough también se vio enriquecido por la adquisición de dos gringas platudas. Lily, gringa de nacimiento, se casó con el hijo de la tufosa Frances (el octavo duque de Marlborough) y para colmo vio que su plata aportada rindió bien, ya que conservó el título a pesar de un segundo matrimonio tras enterrar al azulado marido.
La novena duquesa de Marlborough sería la gringa Consuelo Vanderbilt, nacida con cucharita de oro en la boca en Nueva York. Consuelo se casó a los 19 años con el sobrino de Jennie Jerome, un odioso de 21 años a quien apodaban Sunny. Los Vanderbilt, con tal de tener una hija rancia, pagaron más de 2.5 millones de dólares en bonos ferroviarios, cien mil dólares anuales de por vida para el inglesito y una dote de 15 millones de dólares a ser aportados billete sobre billete por la pobre Consuelo, quien sería olímpicamente infeliz con su noblecillo. La madre de Consuelo, con tal de tener la nariz bien alzada, obligó a su hija a la boda aún a sabiendas que la chica no sería feliz. La pareja acabó separándose tras una vida de riñas.
En el siglo XX, las ambiciones de algunas gringas crecerían hasta no conformarse con ser duquesas nomás. Wallis Simpson era una aventurera gringa flaca, nariguda y fea que logró enamorar al futuro Eduardo VIII de Inglaterra a pesar de que ya estaba casada. Cuando por fin logró que Eduardo abdicara al trono inglés para poderse casar con ella, Wallis ya llevaba dos divorcios a cuestas y una fama de mujer escarlata intrigante. Wallis dominaba por completo a Eduardo(llamado Duque de Windsor desde su abdicación)y el matrimonio-quien nunca tuvo hijos-se hizo muy amiguito de Hitler. Aunque Wallis nunca pudo lucir la corona inglesa, sí metió uñas en una de las fortunas más jugosas de la época.
Lee, la hermana de la brillante Jackeline Kennedy Onassis, fue a dar con un príncipe polaco de apellido Radziwill en su búsqueda de prominencia. Mientras Jackeline brillaba en la Casa Blanca, Lee Radziwill y su príncipe se ponían mutuamente azules lanzándose los platos, por lo cual no es de extrañarse que el matrimonio acabara mal.
Grace Kelly venía de una familia gringa católica muy acaudalada cuando se hizo actriz de Hollywood. La bella chela se ganó una fama negra de rompecorazones y robamaridos antes de que Rainiero, príncipe heredero del liliputesco Mónaco, la solicitara para esposa. Papi Kelly debió pagar una cuantiosa fortuna como dote para convertir a su hija en princesa, y Grace debió someterse a un humillante chequeo ginecológico para garantizar que pudiera producir hijos luego...y debió mentir en cuanto a cómo perdió la inocencia. Una vez coronada princesa de Mónaco, no fue feliz, los hijos le dieron jaquecas, tuvo un affaire con un cineasta,y murió en un aparatoso accidente automovilístico mientras reñía con su alocada benjamina.
Lisa Halaby, gringa de origen árabe que escogió ser arquitecta, era la típica norteamericana en shorts y enmochilada cuando tomó el viaje que le cambiaría la vida. Una vez en Jordania, el buen rey Hussein se enamoró de ella después de perder a su esposa Alia en un accidente aéreo. El matrimonio entre Lisa Halaby-convertida en Noor el Hussein ( Luz de Hussein)- y su rey fue relativamente feliz aunque el rey nunca perdió su "ojo alegre", pero al morir el soberano Noor pasó a un segundo plano cuando el hijo mayor de su esposo tomó el trono hachemita. Hoy en día la hermosa y culta chela se dedica a su gran pasión:la arqueología, probando que de todas las norteamericanas que quisieron ser reinas, ella resultó ser la más apta y sensata.