Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 11 de mayo de 2008

nuestro planeta no es fotocopiable



Los Grandes Ecologistas de la Historia
Cecilia Ruiz de Ríos
Hoy està de moda ser ecologista, aunque quien lo diga sea un seudointelectual o una vieja emperifollada. En Nicaragua, los gobiernos de turno han permitido que koreanos, ticos y hasta transnacionales despreciables que creen que su petròleo es sangre del capitalismo, hagan desastre. Los funcionarios comprados por los dolaretes siguen obviando el derrame que hubo en Puerto Sandino, o cuando la gasolina se filtra en un sector urbano porque todo "hay tiempo para hacerlo bien", a como reza un cacareado slogan empresarial. Pero en la historia han habido gobernantes y personalidades que sì se han interesado por proteger a nuestro planeta y criaturas.
El gran historiador griego, militar y entrenador de caballos Xenofonte siempre insistía que los arboles debían de ser respetados siempre que se pudiera, aunque en las guerras las bajas humanas fueran numerosas. Tanto Pitágoras de Samos como Aristóteles eran devotos admiradores de la naturaleza, insistiendo que el futuro de la raza humana en este planeta iba a depender de que se conservaran los bosques. Posteriormente, filósofos como Epícteto y emperadores romanos como Adriano, Trajano, Antonino y Marco Aurelio se pondrían ferozmente a la indiscriminada tala de los bosques.
Tanto Vespasiano como su hijo Tito(a quien le tocó la tragedia de bailar con la loca de la erupción del Vesubio que sepultó a Pompeya y Herculano) tenían como política estatal el replantar arbolitos en zonas que habían quedado deprovistas de vegetación. Al inicio de sus mandatos, tanto Calígula como su sobrino Nerón tuvieron buenas políticas de preservación de los bosques y los ríos, penalizando a quienes contaminaban aguas del Tíber y otras fuentes aledañas a Roma. Lástima que ambos emperadores pronto se dedicaron más a ser unos genuinos pervertidos.
Teodora, la ex meretriz que pasó a ser emperatriz de Bizancio gracias a sus nupcias con el emperador Justiniano, obligó a su marido a legislar para que se castigara a aquellos que cometían abusos contra el medio ambiente, particularmente los que envenenaban las fuentes acuíferas.
Gao Zu, conocido por muchos como Liu Bang, fue un emperador chino quien pasó de ser bandido a cabeza coronada. Fue el primer coronado de la dinastía Han de China y uno de los ecologistas más tenaces, prohibiendo la cacería del osito panda gigante. Gao Zu era bastante drástico con los depredadores, y cuando le llevaron a un cazador furtivo con dos pandas vivos en jaula, hizo que azotaran hasta morir al hombre, en presencia de los pandas.
San Patricio sería uno de los santos más útiles de toda la historia del catolicismo, ya que el pelirrojo que era irlandés por adopción tenía unos proyectos bastante interesantes de como preservar verde y linda a la Isla Esmeralda. La leyenda reza que el alegre y rubicundo santo echó a toda serpiente venenosa de Irlanda, y tuvo experimentos considerables con injertos para producir especies mejoradas.
Otro santo ecologista fue el ex ricachón italiano convertido en humilde creador de una orden: San Francisco de Asís. Al santo no le gustaba hacer sufrir a las criaturas, y junto a Santa Clara, fundadora de la orden de las Clarisas, se consideraría hermano de toda forma de la naturaleza. No en balde San Panchito acabó siendo el patrono mundial de los animales cuya fiesta se celebra el 4 de octubre de cada año.
En la Edad Media, una graciosa reina de Cerdeña se destacó por tener un corazón de oro para la naturaleza: Leonor de Arborea. La bella monarca, quien fue regente de su hijo Federico para mientras emplumaba, protegió a las especies como los halcones y los gorriones con decretos en los que se especificaba pena de muerte para quien hiciera daño a las aves. El halcón Leonora de hoy en día lleva su nombre en agradecimiento a esta santa mujer que tanto se preocupó por los animales.
Leonardo Da Vinci pasa a la historia como uno de los genios más perfectos de todos los tiempos. Vegetariano sin tacha, amaba con una ternura y compasión indescriptible a los animales. Varias veces se enemistó con comerciantes porque hizo campañas para que los animalitos no fueran comercializados. El mismo compraba avecillas enjauladas y las iba a librar a orillas del bosque. El rey Pedro I el Severo de Portugal no se le quedaba atrás. Prohibió la venta de aves y otros animales en los mercados, y era implacable contra aquellos que talaban sin misericordia los bosques. El buen soberano polaco Juan III Sobiesky también se destacó como luchador en contra de la depredación de los recursos naturales, pero ya había sido antecedido en tan noble labor por la dulce y linda reina-santa Jadwiga de Polonia en la Edad Media.
Enrique IV de Francia fue indudablemente el mejor rey que tuvo dicho país, y entre sus formulas para siempre contar con buenos recursos estaba la renovación de los bosques. Con Enrique IV Francia contó con una de las mejores administraciones de todos los tiempos, habiendo prosperidad con este buen monarca después que la dinastía Valois solo había propinado sangre, dolor y guerras de religión a lo largo de tantos años.
José II de Habsburgo fue sin lugar a dudas uno de los ecologistas más convencidos y enérgicos de todos los tiempos. Hijo de la emperatriz Ma . Teresa, el incomparable emperador Chepito no tuvo temblor en la mano cuando prohibió el abuso de los recursos minerales y forestales. Acabó con la práctica de botar buenas maderas y metales preciosos en ataúdes lujosos, exigiendo que los catafalcos fueran reciclables para evitar la acumulación de tantos materiales en los cementerios. Esta medida la granjeó la enemistad y el odio no solo de los ricos, sino también de esos grotescos mercaderes de la muerte que son los dueños de pompas fúnebres que ofrecen sarcófagos más costosos que un palacio. Esta medida fue derogada en 1791 un año tras la muerte del modesto y popular José II, quizás el más amado de todos los gobernantes de la línea de los Habsburgos. Otro monarca al que no le gustó la depredación fue al gentil Pedro II del Brasil, a quien también se le debe la Ley Dorada que a fines del siglo XIX puso fin a la esclavitud. Pedro II acotó que si se seguía talando los bosques de su adorado Brasil al ritmo que llevaban, para futuras generaciones solo una versión sudamericana del Sahara sería posible ver. Similar idea tenía el gran dirigente Shawnee norteamericano Tecumseh, quien resentía que los blancos estuvieran haciendo diablos de zacate con los recursos naturales de los Estados Unidos. Osceola, gran dirigente de los Seminoles de la Florida, afirmaba que los blancos parecían estar en carrera por quien destruía más rápido los recursos del planeta. Los científicos europeos Carlos Darwin, quien con su Origen de las Especies echó por tierra aquello que venimos de Adán y Eva, y Alexander Von Humboldt fueron también grandes ecologistas para quienes la salvación del género humano depende solo de su inteligencia en las lides de preservar el medio ambiente.
Estados Unidos contó con uno de los màs fabulosos ecologistas en la robusta figura de Teodoro Roosevelt. A este estadistas que hizo posible el canal de Panamá le debemos el sistema de parques nacionales en los cuales la exuberante naturaleza de los Estados Unidos sigue maravillosamente conservada. Su labor seguiría siendo ensanchada por un pariente lejano suyo, Franklin Delano Roosevelt. Sin embargo, la buena política de preservación de recursos naturales no sería exportada de Gringolandia hacia afuera, si recordamos la depredación salvaje de los gringos en las guerras de Corea y Vietnam.
Grandes literatos como el brasileño Rui Benedetto Barbosa pondrían su grano de arena a la causa ecologista con novelas como Pantanal y Renacer, recordándonos que el hombre es el único animal que come cuando no tiene hambre, y ensucia el agua que va a beberse él mismo.