Emperador José II de Habsburgo

Emperador José II de Habsburgo
Al volante de la Máquina del Tiempo

Adelante internautas

Yo soy el Emperador José II de Habsburgo, gato quien gobierna desde el éter a su madre humana, la historiadora nicaragüense Cecilia.Hoy que se cumplen 6 años de mi ingreso triunfal al paraìso gatuno,donde fui coronado como emperador, mi madre hizo este blog en honor a mi memoria. Aquí voy recopilando el trabajo de mi madre en tres categorías: temas de la historia, personajes célebres y su obra cuentística y filosófica. Cualquier pregunta que deseen aclarar, tenéis el email cecilmundo@gmail.com para hacerlo. Ahora, a servirse la mesa.Bon appetit! Emperador José II de Habsburgo

Emperador navegando en su máquina del tiempo

Emperador navegando en su máquina del tiempo
en brazos de mi partera

domingo, 11 de mayo de 2008

Lo que legò Babar el Tigre



LOS GRANDES MONARCAS MUGALOS DE LA INDIA
Cecilia Ruiz de Ríos: Condensación del estudio que ganó 5to. lugar en el XX Certamen de Historia Oriental Rey Chulalongkorn

Hay dinastías en la historia que comienzan con los más felices augurios, aunque acaben, para citar al bardo inglés T.S. Eliot en su poema Los Hombres Huecos," no con una detonación sino que con un gemido." Ese fue el caso de los monarcas mugalos que la India, cuyo reino inició con el arribo de un fabuloso musulmán llamado Babar el Tigre.
Babar había hecho début en este valle de lágrimas con el nombre de pila de Zahiruddin Muhammad Mirza, y su madre descendía de Genghis Khan mientras que su padre tenía como pujante ancestro a nada menos que Tamerlán, el gran guerrero. Babar hizo tres intentos para comerse Samarkanda, pero sus sitios se aguaban peor que flan sin cuajar. Dado que estaba sediento de poder, escogió el sultanato de Dehli en la India para su próximo bocado. Dado que su bisabuelo Tamerlán había instalado en Dehli una dinastía Sayida un siglo atrás, Babar estimó que él podía ser legítimo dueño del trono. Manejaba la artillería con tal maestría que en 1526 derrotar a Ibrahim Lodi y sus huestes fue como beberse un vaso de agua helada para el audaz Babar. Babar era buen musulmán. Tenía 4 esposas y varias concubinas, y sabía ser cruel y progresista al mismo tiempo. Al morir en 1530 le dejó el trono a su hijo Humayún, quien era de pocas luces y a quien recuerda la historia como El Salado por su mala pata. Babar dejó como testimonio de sus correrías el Babarnama, en el cual cuenta sus aventuras de 40 años de vida agitada.
El hijo de Babar resultó ser un pobre hombre que no servía para nada,a pesar de poseer bastante coeficiente intelectual. Para más, su adusta hermana Hildabán para muchos hubiera sido mejor monarca, pero en aquellos machistas entonces ni se pensaba en que una hembra de la especie se ciñera la corona. Humayún apenas había calentado el trono por diez años cuando Sher Khan, un rival suyo que era sultán de Bengala, lo echó del taburete. Humayún se fue con su verguenza al exilio en Persia, pero cuando Sher Khan murió Humayún aprovechó para asir de nuevo su trono. En 1555 ya estaba reinando de nuevo, aguantando los regaños de Hildabán y siendo manipulado por las mujeres de su harén. Entre ellas, una había parido al futuro gran Akbar. Humayún fue tan salado que en 1556, se enredó en sus propias piernas y se cayó escaleras abajo cuando salía de su biblioteca. Al morir, su hijo adolescente Akbar quedaba con el mando. Pero Akbar estaría hecho de un material más fuerte como monarca, probando aquello que a veces de una espina pueda brotar una rosa.
Para regocijo de muchos, Akbar no heredó la falta de decisión de su atolondrado papi. Poseía una fortaleza de carácter pocas veces vista en la historia, combinando una actitud tolerante y progresista con una audacia enorme como guerrero. Amante de los niños y los animales, sería un hombre bondadoso que se preocupó por los pobres. Akbar fue un gran conquistador, un hábil general y aunque se quedó analfabeta por pura desidia en su juventud, llegó a valorar enormemente el conocimiento y se ilustraba a través de un curioso club de lectores que le leían las obras en voz alta. Hizo matrimonios políticos con linajudas hembras de toda secta, tuvo abundantes hijos y legisló para que hubiera tolerancia religiosa, justicia para los trabajadores y consideración para las mujeres. Vegetariano debido al amor que profesaba a los animales, dijo que su estómago no sería tumba de las criaturas de Dios. Sin embargo, su propio hijo Jehangir habría de pagarle mal por tanto amor y tolerancia. Jehangir apenas se contuvo hasta que Akbar murió en 1605, y tras un modesto entierro, Jehangir se dedicó a poner patas arriba todo cuanto papi había hecho. Comenzó por festejar el deceso del autor de sus días, y Jehangir pasaría a la historia como un sensualista que se dedicó a cultivar el placer en todas sus formas.
Jehangir se vio dominado por una esposa gritona y astuta, y durante 20 años de reinado con costo mantuvo lo que Akbar le legó. No fue un promotor de las artes ni un gran guerrero. Le gustaba abusar del opio y de los placeres de la cama. Trató de mantener las riendas de la administración a como mejor pudo, pero no se puede decir que fue un mago de las finanzas.
Al morir en 1627 Jehangir dejaba a cargo del trono a su hijo Sha Jehan, quien era un apasionado de la arquitectura y las artes gráficas. Sha Jehan desde chico fue muy mimado, y esperaba conseguir por las buenas o por las malas todo lo que se le antojara. Por eso no importó que estuviera ya casado y con dos hijos cuando en un bazar conoció a Arjumand Banu, una preciosa adolescente que era hija de un alto funcionario del gobierno de Jehangir. El primer día le puso un anillo de diamantes a la bella Arjumand, quien al ascender Sha Jehan al trono en 1627 sería conocida como la reina Mumtaz Mahal, segunda esposa de Sha Jehan pero primera en su corazón. Entre Sha Jehan y Mumtaz existiría un amor apasionado y tierno que dio como fruto 14 hijos, pero el último retoño habría de costarle la vida a la dulce Mumtaz,en 1630.
Sha Jehan se dedicó a honrar la memoria de su amadísima segunda esposa construyendo su tumba, el famosísimo Taj Mahal. Mil elefantes e incontables obreros trabajaron con los mejores materiales para este monumento de amor. Nunca más se casó Sha Jehan, y su tristeza ante la partida de su adorada mujer le dejó tan deprimido, que su hijo Aurangzeb aprovechó para deponerlo y echarlo a la Torre Octagonal en 1658. Moriría llamando a su esposa en 1666, siendo sepultado al lado de Mumtaz en el Taj Mahal.
Al asumir el trono en 1658, Aurangzeb demostró que era un malcriado y déspota. Intolerante de las otras religiones debido a su fanatismo musulmán, se hizo enemigo de Raimundo y medio mundo. Volvió a imponer monstruosos impuestos sobre los hindúes(revocando la medida de su bisabuelo Akbar), destruyó templos y promovió discordias. No era de esperarse menos de alguien quien depuso a su afligido padre y posteriormente decapitó a sus hermanos, entre ellos el legítimo heredero Dara Sukoh. Durante 49 años mostró ser un guerrero cruel, pero la administración y economía iban flaqueando. En sus horas libres oraba y disecada animales, y gracias a su colección de aprendiz de taxidermista pudimos conocer en el siglo XX los murciélagos de hocico azul extintos desde hace 3 siglos. Cuando Aurangzeb murió en 1707, su hijo Bahadur Shah estaba tan viejo y embadurnado de ocio y aburrimiento de esperar que solo vivió pocos años trepado en el trono. Reza la leyenda que en la vejez de Aurangzeb su hijo a menudo le espiaba el sueño cruzando los dedos de encontrarle muerto en el lecho.
Al quedar de nuevo el trono vacío tras la muerte de Bahadur Shah, el imperio se fue debilitando a tal punto que no fue muy difícil para que extranjeros persas y luego ingleses cayeran como buitres sobre la India.